Nos situamos en la primavera de 1995. Después de semanas de una guerra diplomática con todas sus consecuencias, España y Canadá firman la paz en Bruselas. Las autoridades canadienses ponen en libertad a la tripulación del barco “Estay” y deja marchar al pesquero después de haberlos capturado en aguas canadienses semanas antes. Al final, todo era una excusa para poner encima de la mesa las cuotas de la pesca comunitaria en aguas canadienses.
Era la guerra del Fletan. El gobierno de Felipe González daba sus ultimas bocanadas, pero tuvo fuerzas para convertir este conflicto en una guerra de las Malvinas a la española. Fue “utilizada” políticamente para intentar levantar los ánimos en un país azotado por la corrupción socialista. Siete años después, todo esta reconducido. José María Aznar inicia una visita oficial a Canadá que sirve, sin duda, para cicatrizar una herida que, aunque ya cerrada, necesitaba la notificación oficial.
Los dos primeros ministros, Chretien y Aznar, han ido forjando en los últimos años una buena relación personal y política, y eso lógicamente tiene un reflejo en la sintonía entre los dos países. España y Canadá no se pueden permitir el lujo de estar “regañados”, son miembros de la OTAN y, además, Canadá se encuentra entre los países más industrializados del mundo. Los dos están llamados a entenderse política, económica y empresarialmente.
De todas formas, y después de lo ocurrido en Moscú con el con el “amigo” Putin y sus referencias al País Vasco y a Chechenia, no estaría de más que el presidente del Gobierno traiga aprendida la lección y aquí, en Canadá, tenga un mensaje elaborado sobre una cuestión clave. Hablamos de Quebec y del proceso secesionista de esta región canadiense. Un proceso que podría ser “utilizado” políticamente por los nacionalismos vasco y catalán. Lo pueden enseñar ficticiamente como un espejo. No hay que engañarse, la comparación nada tiene que ver con la fórmula de articulación de España. Seria un grave error dar pie a comparaciones entre Quebec, Cataluña y el País Vasco. Pero no es suficiente con saberlo. Si Aznar no ofrece respuestas y afirmaciones concluyentes cuando le saquen este tema –si alguien lo hace–, entraremos otra vez en el terreno de la confusión. Muchas veces no es suficiente la evidencia, hay que hablar y hacerlo con claridad.

Recuerdos de una guerra
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