Después de las primeras semanas de silencio, José María Aznar ha comenzado a exteriorizar su análisis personal de la situación. El PP asimila los resultados de las últimas elecciones vascas y poco a poco va rehaciendo el mensaje que había mantenido durante la campaña electoral. Este cambio lo ha confirmado Aznar en Canadá, en un encuentro informal con la prensa. El presidente del Gobierno, ciertamente, ha puesto el dedo en la llaga: la lucha contra el terrorismo es la clave de la cuestión.
En la medida en que el Gobierno de Ibarretxe se implique en esta lucha antiterrorista, desde el PP del País Vasco se está dispuesto a aumentar la colaboración con el Gobierno vasco. Incluso Aznar ha llegado a utilizar el concepto de “apoyar” al Gobierno vasco. Un mensaje bien diferente al escuchado en los dos últimos años.
Con este anuncio de Aznar, se intuye el comienzo de una etapa nueva de relaciones, siempre y cuando desde el PNV se concrete el desmarque anunciado de EH. En todo caso, estamos donde estábamos. Lo difícil no es que el presidente del Gobierno diga lo que ha dicho, lo complicado es que Ibarretxe, detrás de las palabras de buena voluntad y de cambio de actitud, lleve a cabo una transformación real, una forma de actuar diferente en la que existen dos normas intocables: reconocer que el terrorismo es un problema de la sociedad vasca que hay que solucionar, y tomar las medidas necesarias para que todos los vascos, nacionalistas y no nacionalistas, se sientan protegidos por el Gobierno de Vitoria.
No es bueno que sigan existiendo dos sociedades: los que pueden pasear por la calle y los que llevan escolta. Y para que no sea así, Ibarretxe tendrá que gobernar con talante democrático, huyendo de los apoyos y de las presiones de los cómplices de ETA. Ciertamente, para que la maquinaria de la normalización comience a funcionar en el País Vasco, todo pasa por Ibarretxe: la lucha contra el terrorismo será la piedra de toque. Si eso se reconoce, todo será más fácil para todos. Estaremos volviendo al principio de la razón. Luego ya vendrá lo demás.

El problema se llama terrorismo
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