Pasadas ya las elecciones vascas y con la parada a medio camino de las gallegas, los ojos del PP están puestos en el congreso del próximo mes de enero. Es, sin duda, el de la sucesión porque es el último que se va a celebrar antes de las elecciones de 2004. Por lo tanto, el partido que salga de esa cita será un modelo realizado a imagen y semejanza de José María Aznar, quien dejará La Moncloa en 2004 para instalarse en Génova 13. Con esta premisa, los nervios aumentan en la dirección del PP y entre todos aquellos que aspiran a un cargo en el nuevo equipo.
En el horizonte comienza a aparecer una idea clara: Javier Arenas quiere dejar la secretaría general, siempre y cuando pueda optar a algo mejor. Para Arenas, ese algo mejor sólo tiene un nombre: volver al Gobierno. Hay quien le da como futuro ministro Portavoz. Pero él, por encima de la cartera, lo único que quiere es volver al Ejecutivo. Y para ello está trabajando, aunque observe en el horizonte el peligro de la candidatura a la presidencia de la Junta de Andalucía.
Así pues, situado Arenas fuera de la secretaría general, tenemos dos nombres por encima de todos. El primero es Jaime Mayor Oreja, que ahora es vicesecretario del partido y que, de esta manera, sería recuperado para la política nacional, tal y como José María Aznar se propone. De esta forma, Mayor dejaría la política vasca volviendo a la dinámica nacional y lo haría por la puerta grande: la secretaría general del PP.
El segundo nombre que está en las quinielas es el de Ángel Acebes: un hombre de la absoluta confianza de Aznar y con quien está muy contento el presidente del Gobierno. Acebes sería también un buen número dos de Génova sabiendo que José María Aznar trabajará en el despacho contiguo.
A estos dos candidatos hay que sumar uno tercero, que no tiene nombre ni apellidos, y que el presidente del Gobierno se guarda en la cartera. Nunca hay que olvidar que a José María Aznar le encanta el efecto sorpresa y, desde luego, no va a prescindir de él tan fácilmente.
A estas alturas de la película hay algo, desde luego, seguro. El congreso de enero es el punto de partida de la sucesión. De él tienen que salir algunas claves. En él se tienen que despejar algunas incógnitas. Y, ahora, en el PP hay nervios. Comienzan las tensiones. Todos quieren estar bien colocados. En el congreso no se juega al futuro inmediato, el PP se juega el futuro desde el día después a José María Aznar.

El banquillo se mueve
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