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Puerta Grande para Hermoso de Mendoza

Lleno en la segunda de la feria de San Fermín. Se lidiaron 6 toros de Murube para rejones, nobles en general, aunque blandos y sosos.

Leonardo Hernández. Palmas y silencio.
Fermín Bohórquez. Vuelta al ruedo y
Hermoso de Mendoza. Ovación y

Como viene siendo habitual en estos festejos en los que participan los caballos, no cabía un alfiler en la plaza de Pamplona para ver la actuación de los caballeros rejoneadores.

Antes de que saliera el primero de su lote, el público pamplonica hizo saludar desde los medios a Pablo Hermoso de Mendoza, felizmente recuperado de su lesión. Era el preludio del alboroto que formó el rejoneador navarro a lomos de sus caballos. El que cerraba plaza saltó al ruedo con muchos pies, llegando a topar al caballo Tabasco con el que recibió Hermoso de Mendoza. Poco le duraron las fuerzas al burel y llegó a las banderillas con muy poca movilidad. Ahí demostró Hermoso de Mendoza la diferencia entre su rejoneo y el del resto del escalafón. Templó de manera prodigiosa los arreones del morlaco, citó a escasos centímetros del animal y clavó siempre con limpieza, arriba y muy reunido. Acertó al primer intento con el rejón de muerte y el público concedió al centauro las dos orejas del animal. Tras templar al primero con Labrit en los rejones de castigo, llegó el delirio a los tendidos cuando el rejoneador puso banderillas de forma impecable a lomos de Cagancho, posiblemente el caballo de rejoneo más aplaudido de la historia. Después de adornarse en el final de faena poniendo banderillas cortas, falló el navarro con el rejón de muerte y perdió los trofeos que el enfervorecido público estaba desando otorgarle.

No anduvo fino Leonardo Hernández en el primero de la tarde a la hora de clavar los rejones de castigo, los tres que colocó quedaron poco reunidos. Después puso dos banderillas con poco lucimiento, y no fue hasta el tercer intento cuando cogió la distancia del quiebro a lomos de su caballo Mambo. A partir de ese momento su actuación tuvo un tono notable, mantenido en un par a dos manos y al clavar una rosa. Mató de un rejón de muerte y un descabello y recibió las palmas del público. Al cuarto tal vez le sobró alguno de los tres rejones de castigo que le puso Hernández, el animal quedó muy parado e imposibilitó el lucimiento en banderillas. En una larga faena, sólo destacó por su brillantez un par a dos manos del caballero cordobés montado en Capote. Mató de manera defectuosa y el público silenció su labor.

Mal rato pasaron los espectadores sentados en el callejón a la salida del segundo de la tarde, ya que el animal hizo varios amagos de saltar las tablas. Muy centrado con este toro, Fermín Bohórquez intentó encelar al toro en el caballo desde los rejones de castigo. Luego, montando a Amareto, derrochó temple al clavar con mucha limpieza cuatro banderillas, calentando a los tendidos. Ya con el toro algo parado, se adornó con un par a dos manos y una banderilla corta. Clavó un rejón de muerte muy bajo que hizo rodar al toro al momento y el público casi le concede una oreja. En el quinto, supo percibir Fermín Bohórquez la escasez de fuerzas de su enemigo y sólo colocó dos rejones de castigo. Banderilleó con espectacularidad y consiguió algunas palmas del público. Falló en el primer intento con el rejón de muerte y en el segundo, pretendiendo clavar en lo alto, tuvo el infortunio de descordar al morlaco.

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