Ahora, la editorial Pre-Textos nos presenta su segunda novela, El canto de la alondra , en la que nos narra la vida de una cantante de ópera (inspirada en la vida de la cantante Olive Fremstad –1868-1951–), nacida y criada en un pueblo ferroviario del Oeste americano. En este ambiente de la frontera, tan inhóspito como exultante, Thea Kronbrog, una joven de origen sueco, tozuda e inspirada, decide llevar adelante su plan de transformarse, no ya en una artista de renombre sino en el arte mismo. Lo consigue y se convierte en una estrella del Metropolitan Opera House de Nueva York.
A pesar de la evidente rudeza del entorno en que se desarrolla la infancia de Thea, y sin pretender subestimar el canto al esfuerzo y a la superación individuales –virtudes típicamente americanas– que caracteriza a esta novela, hay que tener en cuenta un dato muy significativo para comprender dicha transformación: el importantísimo papel que han tenido las iglesias reformadas en la formación musical del pueblo americano. Precisamente Thea descubre su vocación musical al amparo de la rivalidad entre los coros y los organistas presbiterianos y metodistas de su pueblo, así como en la convivencia con diferentes culturas de marcada tradición musical (emigrantes centroeuropeos, principalmente alemanes, y trabajadores mexicanos) que confluyen en la abigarrada frontera.
Hay que destacar también el aliento épico de la obra, que se corresponde con el espíritu indomable de la época retratada y que convierte a Willa Cather, gran admiradora de Walt Whitman, en una continuadora de su obra de exaltación paroxística del paisaje americano. Sus asombrosas descripciones de los abruptos barrancos y las extensas praderas nos remiten inevitablemente a los pintores americanos que retrataron la salvaje naturaleza del Lejano Oeste y que, a través de su huella en el cine del género, tanto han contribuido a alimentar la característica iconografía de lo que consideramos lo “genuinamente americano”.
Willa Catre, El canto de la alondra , traducción de Eva Rodríguez-Halffter, prólogo de José María Marco, Pre-Textos, Valencia, 2011, 536 páginas.
