Los ojos de todo el mundo están en las cotizaciones de este lunes en Wall Street. Los temores de una caída en picado agobian a todo el mundo, desde los inversores norteamericanos y europeos hasta la propia Reserva Federal de los Estados Unidos, que está inyectando liquidez en los mercados para evitar una debacle.
Aunque las acciones cayeron en picado en Wall Street, los expertos proyectaban una recuperacion relativamente rapida y, si la Historia sirve de modelo, subirán y cerrarán en alza.
La masa de dinero ofrecida por la Reserva Federal, junto con las normas especiales para estimular las compras, es un factor. Otro es la determinación popular: las inversiones en bolsa no son aquí exclusiva de millonarios, la gran masa puede reflejar con sus bolsillos el patriotismo que ahora está a flor de piel y demostrar que no se deja intimidar por los terroristas.
Pero la razón más poderosa es que la destrucción del martes, aunque representa una enorme pérdida de riqueza, es también un fuerte estímulo coyuntural: los 40 mil millones de dólares aprobados por el Congreso han de arrancar la economía del letargo del que no han conseguido aún despertarla los repetidos recortes en los tipos de interés y las modestas rebajas fiscales.
Estos 40 mil millones se destinan a la reconstrucción y su desembolso es inmediato. Además, los 50.000 reservistas dejan puestos de trabajo que, al menos parcialmente, hay que llenar y, junto con los obreros de la construcción y técnicos para restablecer lo destruido el 11 de septiembre, compensarán con creces los millares de despidos anunciados ya por las compañías aéreas.
Aunque la repentina demanda de mano de obra especializada plantea incluso un riesgo de inflación, seguramente a largo plazo. La economía norteamericana es un barco muy pesado y las masas de tal envergadura necesitan tiempo para cambiar de rumbo.

¿Reactivación terrorista?
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