Rafael Vera y José Barrionuevo han vuelto a sentarse en un banquillo de acusados; pero en esta ocasión se han presentados más abatidos, másbatidos y más envejecidos. El primer banquillo que ocuparon era de terciopelo, y estaba situado en un lujoso Salón del Tribunal Supremo. Corría el año 98. Desde allí, Vera pasó al banquillo de madera que le esperaba en una funcional y fría Audiencia Nacional. En aquella ocasión se sentaba juntoa él Enrique Rodríguez Galindo.
Hoy, Barrionuevo y Vera, con muchas más canas y menos ganas de combatir, han pasado a un banquillo de sillas de plástico: del terciopelo, a la madera; yde la madera, al plástico. En este baile de asientos, los dirigentes y simpatizantes del PSOE que en el 98 les acompañaron al Supremo, hoy sehan quedado en el camino. Con un poco de la ironía que todavía le queda, Vera justificaba la ausencia de los socialistas por otros inevitables "compromisos sociales del PSOE".
En el primer día del juicio, el fiscal ha conseguido, al mismo tiempo, sorprender y marcar el horizonte penal de los acusados; al rebajar laspenas para cuatro de ellos. Ha dividido el banquillo en dos partes: ala izquierda Vera Barrionuevo, Corcuera y Rodríguez Colorado que son conscientes de que se juegan una muy probable condena. A su derecha, Sancristóbal, Iñaki López y Álvarez suspiraban con alivio al oír la petición de rebaja de su condena. El quejido incontrolado, y en voz alta, de Cobo del Rosal (abogado de Vera) indicaba que la sorpresa del fiscal no había gustado nada al ala izquierda del banquillo.
Las dos partes del banquillo apenas han intercambiado un saludo. En el descanso, Vera, Barrionuevo Corcuera y Rodríguez Colorado han evitado coincidir con los demás acusados; quizá porque unos responsabilizan a los otros de la condena por el secuestro de Segundo Marey. Los del ala derecha del banquillo han respirado tranquilos, sobre todo Iñaki López y Francisco Álvarez, porque el fiscal hoy les ha librado de la cárcel.
Álvarez podrá continuar trabajando como detective privado, y Sancristóbal seguirá como jubilado. Y es que, a pesar de que ha tenido que devolver 66 millones de pesetas de los fondos reservados, el patrimonio de Sancristóbal le permite, al parecer, vivir de las rentas.
También se hablará mucho en este juicio de otras rentas: Rafael Vera tendrá que aclarar dónde terminaba su patrimonio y dónde comenzaba el de su suegro (la ya conocida ferretería). El tribunal que juzgue los hechos deberá aclarar el papel de esa "extraña" acusación popular encabezada por el abogado Emilio Rodríguez Menéndez; quien actúa como acusador en el mismo proceso donde se sienta como acusado su amigo Rafael Vera. Curiosamente, Menéndez sólo acusa a Sancristóbal y Alvarez, los del ala derecha del banquillo.
Está claro que en el juicio vamos a ver muchas cosas feas.

Siete años después
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