Ignoro si el señor Ibarreche habla vascuence o español. O ninguno de ambos. Más verosímil me es la última hipótesis. El presidente vasco habla una lengua ajena al uso común de las condicionales. Lo que resulta es esto –juro por todos mis muertos que no se trata de invención mía ni de arrebato de cliente estable en frenopático—: «Si ETA sigue matando y seguimos sin darnos cuenta que tenemos que hablar para resolver las cosas; si se sigue sin aceptar desde Madrid que ésta es una sociedad que quiere más autogobierno, no tendré ningún temor en acudir, en apelar a la sociedad para que explicite su mensaje».
En la elemental arquitectura retórica del pasaje, una secuencia de tres condiciones rige el desenlace conclusivo: referéndum. Pequeñas aberraciones morfológicas (“darnos cuenta que”) dejadas de lado, es un procedimiento oratorio de lo más tosco. Pero aun lo tosco tiene reglas. Las que fijan continuidad entre lo condicionante y lo condicionado.
A otros interesará la parte conclusiva, el dichoso referéndum patrio. A mí me trae al fresco. Me fascina la serie argumental. Enumeremos sus tres condicionantes: 1) ETA sigue matando. 2) seguimos sin darnos cuenta que (sic) tenemos que hablar para resolver las cosas. Y 3) se sigue sin aceptar que ésta es una sociedad que quiere más autogobierno.
Un fino matiz se aprecia allá donde el lector se detiene a constatar que, siendo tres las condicionantes sobre las que la conclusión se asienta, sólo en dos ocasiones la conjunción condicional sella su función. El matiz se trueca en punto sin retorno al constatar que esa curiosa elipsis afecta a la continuidad entre el primer y el segundo condicionante. La rigidez de lo enumerativo queda así desplazada por la hilazón de lo consecutivo. “Si ETA sigue matando y seguimos sin darnos cuenta que tenemos que hablar para resolver las cosas” no es ya la enumeración de dos datos autónomos (discutibles o no, pero autónomos). Sin una mala conjunción por medio, sin siquiera signo de puntuación, el todo es dado, en la retórica presidencial, como unidad de sentido: que ETA mate y que no nos demos cuenta de que hay que hablar, es lo mismo. Ése es el verdadero –y silencioso— argumento.
Lo es. Si Ibarreche habla español. No estoy seguro. Tal vez alguna laberíntica rama dravídica le permite un uso innovador, para mí ignoto, de las condicionales.

¿En qué lengua habla Ibarreche?
En España
0
comentarios
Servicios
- Radarbot
- Curso
- Inversión
- Securitas
- Buena Vida
- Reloj