La presencia de los principales protagonistas del proceso de paz de Oriente Medio en el Foro Formentor ha devuelto el protagonismo europeo a España en dicho proceso de paz. A nadie se le oculta que la ofensiva diplomática del primer ministro británico Tony Blair, en estas últimas semanas, en lo que hace referencia a Oriente Medio, ha levantado celos y envidias en Moncloa.
Primero fue la visita de Arafat a Londres, que dio la vuelta al mundo a bombo y platillo; luego ha sido la gira por la zona del conflicto del
propio primer ministro británico. Estos dos hechos son los que han llevado a encender las alarmas en Moncloa, al grito de: "¡Estamos dormidos!". El interés, más o menos repentino e inesperado, del Gobierno de Londres por Oriente Medio ha provocado un cierto asombro, acompañado de miedo, en el entorno diplomático "monclovita".
Hasta ahora, el Gobierno Aznar, y más concretamente su presidente, ha pretendido canalizar la intermediación europea en el proceso de la mano del enviado especial de la UE, el español Miguel Angel Moratinos, y del recuerdo de la Conferencia de paz de Madrid. Todo este trabajo, toda esta labor diplomática se ha visto postergada en las últimas semanas por la ofensiva de Blair. Ahora, en Moncloa se recupera la tranquilidad, después de la imagen, que ha dado ya la vuelta al mundo, en Formentor con Aznar, Mubarak, Peres y Arafat del brazo paseando junto al Mediterraneo mallorquín. Desde luego, esta imagen significa, al menos gráficamente, que España recupera el papel que ella misma se ha dado en el proceso de paz de Oriente Medio y que en estas últimas fechas se había visto dañado, gracias entre otras cosas al desgraciado papel que el ministro español de Exteriores, Josep Piqué, ha tenido cada vez que se ha referido publicamente al tema.
De todas formas, no estaría de más que de todo esto aprendamos. La política exterior no se fabrica sobre imágenes más o menos perecederas. La política exterior se construye con una actitud coherente y permanente en el tiempo, y eso no es lo habitual de este Gobierno y mucho menos es lo normal en el actual titular de Exteriores. Es cierto que el Foro Formentor ha significado un éxito, no es fácil sentar a todos los protagonistas en una mesa. Pero no es suficiente, el Ejecutivo español no puede vivir de los impulsos y de los "prontos" en la política exterior. Hay que realizar un diseño claro y consecuente y de esa forma no tendremos sustos y no serán tan "trascendentales" los celos hacia otros lideres europeos. Un principio de actuación que también debería tener su proyección en otros escenarios diplomáticos, como Marruecos, quizá más complicado y menos llamativo, pero que para España tiene más importancia y trascendecia.
España intenta recuperar la inicitiva en Oriente Medio, pero el Gobierno no puede olvidar que no es cuestión de fotografías, sino de contenidos y también de solvencia internacional. Si esto fuera así: ¡otro gallo nos cantaría!

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