¡Vaya mes de diciembre! Desde luego, no está siendo un mes más en Génova 13, sede nacional desde hace años del Partido Popular. Un lugar en el que no se recordaban movidas como la actual desde la época de Manuel Fraga. Está siendo un mes de cambios, de anuncios y de muchos nervios a la espera del Congreso del partido, que se celebrará el próximo mes de enero.
Los cambios externos son visibles, tan visibles como el cambio de logotipo, que manteniendo las viejas formas dicen que se ha centrado. Ya veremos. Pero, sin duda, los cambios más interesantes son los internos, los de funcionamiento. Y desde luego, para novedades tenemos una por encima de todas: la decisión de José María Aznar de suprimir el límite de vicesecretarios en la estructura del partido. Es un importantísimo cambio que ha provocado un gran impacto en la dirección del PP. La creación de un nuevo y amplio núcleo duro de notables es una de las revoluciones internas más importantes de las que han ocurrido en el PP desde que Aznar lo preside. Y eso lo saben aquellos que trabajan en el PP. Es el fin de una época y el comienzo de otra. Es la primera puerta que se abre con claridad pensando en la sucesión. Es la primera decisión del presidente después del ya famoso y enigmático "y luego, ya veremos" que pronunció inmediatamente después de anunciar que Javier Arenas continuará como secretario general el próximo mes de enero.
En el cuartel general de los populares se vive estos días con la respiración contenida, a la espera de las novedades que se irán conociendo próximamente. Lo más importante es que ha terminado el tiempo de la especulación y comienza el de las decisiones. Es la hora de la verdad. De todas formas, son cada vez más los que en el Partido Popular piensan que la ampliación del número de vicesecretarías es un síntoma claro de que la gran decisión no está tomada. El "caso Gescartera" ha cambiado los planes del presidente, que ha preferido retrasar cualquier decisión sobre la sucesión tras el pinchazo de Rato. Este cambio de planes se ha traducido en una táctica que busca tener a todos los posibles candidatos en la misma línea de salida: que todos aparenten tener las mismas posibilidades para, en el momento y tiempo oportuno, destacar al elegido. Es la vieja teoría de Aznar, conocida como la estrategia del "Scalextric". Todos en la parrilla de salida, todos iguales, hasta que el acelerón de uno de los coches sitúa al escogido por delante de todos.
En estos momentos muchos calientan motores, pero será sólo uno el que llegue primero a la meta. Sin descartar que algún coche aparentemente bien situado se precipite al vacío en alguna de las curvas del circuito. Hasta el final, están asegurados los nervios. Nadie puede confiarse. Aznar manda y decide.
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