La entrada en el gobierno vasco de Javier Madrazo sorprendió a propios y extraños. Sin embargo, esa extraña asociación contra natura tenía una agenda oculta. Como expresó el jefe de los proetarras, Arnaldo Otegui, ya se sabe, del enemigo, el consejo el propósito a corto plazo del PNV con esta maniobra era tender una “cabeza de puente” para que el PSE/EE “aterrice” en el Ejecutivo autonómico. Y el objetivo final, establecer una especie de perverso “pacto de Ajuria-Enea” nacionalista para aislar políticamente al PP vasco.
Los acontecimientos de las últimas semanas confirmarían este extremo. La campaña que el PSOE y sus órganos mediáticos (o, mejor dicho, Prisa y sus órganos políticos) ha puesto en marcha para defenestrar a Nicolás Redondo con mezquinas acusaciones de “derechismo” que recuerdan los estalinianos procesos de Moscú, es un paso claro y decidido en la estrategia de aislamiento del PP.
En cuanto al PNV, basta con apoyar la “autodeterminación” concepto leninista, por cierto del País Vasco y mostrar voluntad inquebrantable de fastidiar al Partido Popular para tener un lugar bajo el sol en el Ejecutivo vasco. Poco importa que Madrazo con permiso de Llamazares, el hombre de Castro en España se atreva a proponer a Cuba como referente para el País Vasco y, en consecuencia, destine 1.000 millones de pesetas de los que Ibarretxe y Arzalluz niegan al Gobierno de España para estrechar lazos con ese otro “gran nacionalista” y “amigo de la libertad de los pueblos” que es Fidel Castro, y de paso favorecer a las empresas vascas que pagan sueldos a los etarras “exiliados” en Cuba. Lo importante es neutralizar toda oposición al proyecto independentista. Lenin una vez más.
Las ironías del destino o más bien la mendacidad y la mezquindad consustanciales al nacionalismo vasco desde su fundación han transformado al PNV que fue el principal contacto de la CIA en España en uno de los aliados de Castro, precisamente después del varapalo que el 11-S supuso para su credibilidad internacional. Cosas como esta y aún peores son las que cabe esperar si Arzalluz e Ibarretxe consiguieran competencias en política exterior.
Por cierto, ¿nada tiene el Gobierno que decir al respecto? Esta vez, quien se atreve a realizar política exterior; no es un líder de un partido político, sino un miembro de la administración pública, cuya primera obligación es cumplir y hacer cumplir la Constitución. Permitir al gobierno vasco que exprese su solidaridad y financie a uno de los principales promotores del terrorismo internacional no concuerda con el papel de liderazgo en la lucha contra esta lacra que el gobierno de Aznar quiere desempeñar desde la presidencia española de la Unión Europea.
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