La sinceridad en política se puede considerar como el bien más preciado, por su absoluta escasez. Es más, cuando un político decide exteriorizar lo que piensa es un acontecimiento, que no pude pasar inadvertido. En esta ocasión ha sido Federico Trillo, un hombre clave de la llamada "generación de Sevilla", quién ha decidido correr la cortina del pudor político. Trillo rompiendo el silencio impuesto por nadie pero convenido por todos, ha abierto de par en par su corazón y ha reconocido que las propuestas realizadas por Álvarez Cascos, en el último Congreso del PP, estaban en el pensamiento de los dirigentes del partido. No hay dudas sobre el sentir general, sobre el deseo de continuidad de José María Aznar al frente del PP y del Gobierno.
Trillo con su claridad, a estas alturas ya no tiene nada que perder, devuelve a la actualidad el futuro de Aznar y de la sucesión. Una cuestión que va a perseguir como una maldición a los populares hasta el otoño del 2003. Trillo descubre la verdadera preocupación de los dirigentes del PP: el día después de José María Aznar. Con la "confesión" del ministro de Defensa queda al descubierto la diferencia, cada vez más pronunciada, entre el PP real y el PP virtual. El primero nos enseña el verdadero pensamiento de los populares. Les preocupa el nombre del sucesor, pero lo que realmente inquieta es la actitud que todo el partido pueda adoptar al conocer ese nombre. La gran incógnita, por el momento sin respuesta, es saber si los populares cerrarán filas con el "nuevo", como han hecho durante los últimos años con José María Aznar. El segundo, el PP virtual, nos muestra a un partido disciplinado sin sentimientos y que aparece indiferente ante la marcha de su líder. Esta virtualidad, está muy lejos de la realidad, puesto que es imposible aceptar que entre los populares no existan sentimientos encontrados. Y sobre todo un miedo cierto y exteriorizado sobre el futuro del PP, sin el presidente Aznar.
Esta diferencia entre la realidad y la virtualidad, es lo que nos señala donde esta el peligro. Ese peligro, que con frecuencia se convierte en miedo, es saber si los populares sabrán guardar la misma cohesión hacia el "nuevo" como hacen ahora con el presidente Aznar. Un peligro que debería ser afrontado desde dentro, sin reparos y con realismo. La dirección del PP, no debería enterrar el sentimiento general que se percibe entre los militantes. Ese deseo manifestado primero en las enmiendas de Álvarez Cascos y confirmado ahora por Federico Trillo, ponen el acento en la sílaba correcta: en el PP hay miedo a que la estrategia diseñada por el presidente Aznar no cuaje convenientemente. Un experimento que tiene dos partes: la renuncia y la sucesión. La primera ya está anunciada y marca un hito en la historia política española. La segunda abre un interrogante que de no ejecutarse correctamente puede devolver al PP a los bancos de la oposición. El adiós de Aznar es un gesto que le honra, pero el futuro no está resuelto y el PP se juega mucho. Se juega todo en política: el Gobierno.
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