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Memorias del amor loco

Los griegos, que asimilaban verdad y memoria, sabían dónde se juega el territorio esencial de lo político: en el engaño que sólo el olvido hace posible. Inventar la memoria es reinventar el pasado. Poseer esa potestad es ser señor absoluto.

Escribo sólo para hacer memoria. No hay otro deber moral de aquel cuyo trabajo se despliega en el campo del pensamiento. Hacer memoria es siempre hacer política: háblese de lo que se hable. Es preguntar a un poder constituido: ése que finge inocentemente la objetividad de lo que enuncia como una evidencia incuestionable.

Hacer memoria. Arafat se queja amargamente, en estos días, de que el vicepresidente americano, Cheney, en viaje de consultas acerca de la conveniencia de atacar al dictador iraquí Sadam Husein, no le rinda visita. Su discurso lacrimoso posee la fuerza de la evidencia: “¿Por qué no consultarme a mí, cuando sí lo hace a mi adversario, Ariel Sharon?” Su compunción es exhibida con el peso grave de una inocencia ultrajada.

Hacer memoria. 1989-1990. Sadam Husein invade Kuwait, creando el mayor riesgo de desestabilización energética mundial de los últimos cincuenta años. Es conminado a retirarse. Se niega. Ni siquiera de la mayor parte de los países árabes recibe apoyo. De Yassir Arafat, sí. Yassir Arafat proclama que es la de Sadam la justa guerra santa para recuperar las riquezas del Islam frente a la expoliación imperialista y aniquilar al nefando Estado judío. Viaja al Irak dictatorial, besuquea frenéticamente al asesino que lo gobierna. Jura fidelidad eterna frente al infiel enemigo.

Luego, Sadam pierde la guerra vergonzosamente. En apenas 72 horas, su ejército se derrumba. En un demencial error, las fuerzas aliadas le perdonan la vida y se abstienen de tomar Bagdad. Arafat toma nota de su pifia. Borra de su memoria los juramentos de amor eterno (como haría, en septiembre del 2001, borrar los vídeos de celebración de la masacre de las torres gemelas en sus dominios). Se hace invisible. ¿Amigo él de Sadam Husein? ¿Cómo va a ser eso cierto, si él, Arafat, es el más demócrata, el más pacifista, el más tierno enemigo del antisemitismo en el Cercano Oriente?

Memoria. Cheney despliega su viaje de consultas sobre la liquidación (que debió ejecutarse hace 12 años) del genocida Sadam. Arafat suplica humildemente que se digne rendirle pleitesía.


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