La semana pasada, el presidente del Gobierno ya dejó claro que la reforma de la Ley de partidos políticos va en serio y que, por lo tanto, el Ejecutivo no va a dejar margen para el juego o para el “coqueteo” con posiciones tibias. José María Aznar se ha mostrado tajante y ha recordado por activa y por pasiva al PSOE que no existe ninguna razón para que se registre un cambio de actitud sobre el texto pactado inicialmente. Es, sin duda, un aviso a navegantes que se confirma con el anuncio hecho este martes por el propio Aznar de que él será el primer diputado del PP en firmar la petición de ilegalización de Batasuna una vez aprobada la citada reforma. Con este anuncio, pronunciado públicamente ante la dirección de su partido, el presidente se sitúa en la primera línea de la polémica y avisa seriamente que no está dispuesto a ceder después de haber llegado a un acuerdo con el PSOE.
Es evidente que en esta cuestión tienen razón el Gobierno y el Partido Popular. La actitud cambiante de los dirigentes socialistas en los grandes temas de Estado no es nueva. Llegan a un acuerdo y luego recogen velas. Pasó con el “triste” reparto en la renovación de los cargos institucionales, también ocurrió con la financiación autonómica y está pasando ahora con el Pacto Antiterrorista. La permanente deriva en la que vive el Partido Socialista le está conduciendo a este constante cambio de rumbo que no les beneficia a ellos, pero que tampoco beneficia al conjunto de la sociedad. Estamos ante una oposición en proceso de descomposición por sus graves problemas internos, pero precisamente en un momento como este, debería aplicar el sentido común en una cuestión tan importante como la lucha contra el terrorismo. Quizá les serviría como tabla de salvación.
Desde luego, es preocupante que en una decisión de características históricas, como lo es la ilegalización de Batasuna, el PSOE intente desmarcarse sin excusas y con complejos. Aquí estamos todos en el mismo barco y todos hemos de remar en la misma dirección, debería decir alguien con poder de decisión dentro del socialismo. Porque, ¿donde está aquella responsabilidad que el PSOE de Zapatero intentó ejercer al comienzo de su mandato? Ahora se han olvidado de aquello de una “oposición civilizada”. Lo cierto es que, con esta posición ambigua del PSOE, adquiere especial relieve la decisión de Aznar de firmar la petición de ilegalizar Batasuna. Si el PSOE fuese coherente con los principios que ellos mismos han firmado, se habrían subido al mismo carro. Pero sólo sus dirigentes sabrán adónde quieren llegar. Y, de momento, ese punto de destino parece distar mucho del sentido común.

Aznar se implica
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