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Gao Xingjian La vida de un hombre solo

La vida a cuestas

Marta Pardo


“Estamos predestinados a ser una generación sacrificada”. Esta frase, dicha por una joven estudiante que coincide con el protagonista en medio del horror de la Revolución Cultural, define la esencia de este torturado libro de memorias del escritor y pintor chino Gao Xingjian, exiliado actualmente en Francia y ganador del premio Nobel de Literatura en el año 2000.

Esa predestinación es doble. Está en la Historia, es la mala suerte de haber nacido en un tiempo horrible, en el que las ideas morales o la libertad de elección no son ni siquiera sueños. Es tiempo sólo de sobrevivir, si se puede. Gao Xingjian cuenta, con una sinceridad a veces brutal, sus diversas adaptaciones al medio. Como en los demás holocaustos, los que se mantuvieron a flote en la China de los años sesenta lo hicieron a costa de la propia conciencia, el silencio cómplice, o la furia del converso. Pero también intervino la suerte, el destino, que desvió al ángel exterminador mientras nuestro autor quemaba o enterraba sus escritos, las fotos familiares, los rastros de una vida enajenada para siempre.

El fresco histórico está deliberadamente omitido porque, nos confiesa el autor, no se quiere hablar de política, sino de unas vivencias falsamente enterradas. Una anécdota fortuita, la petición de una mujer, enhebra el presente a un “él” objetivado del que se empieza a hablar con cautela. Después aparecen los demás personajes, los miedos, las delaciones, los años de la infamia.

La rememoración avanza paralela al análisis de la vida actual del escritor. Las mujeres con las que establece relaciones fortuitas durante sus desplazamientos, son el punto de engarce con aquellas otras que aparecieron también fugazmente, pero por razones bien distintas, en la existencia anterior. Unas mujeres convocan a otras, pero qué diferentes son sus rasgos. Ignoro las razones del ajuste de cuentas, pero ahí está, en caricatura, el canon de la burguesa europea disponible: caprichosa, neurótica, rencorosa con los hombres, buscadora de un placer que arruina con gimoteantes autoanálisis y con la fantasía de ser única por todo ello...Sólo que a todas les pasa lo mismo.

Las jóvenes chinas no sabían nada de esas mixtificaciones, y mucho en cambio de la feroz represión del cuerpo que dictaba el Partido. El miedo a la delación vecinal, al embarazo, a ser descubiertas en los controles de virginidad y perder el trabajo o los estudios por ello; la violación impune de menores y su consiguiente caída en la prostitución en los “edenes rurales”, se nos describen con emoción y piedad. En la entrega obstinada de esas muchachas, por unas horas, por menos, antes a veces de desaparecer para siempre, encuentra el autor la verdadera pureza del sexo, la afirmación incontenible de la vida.

El testimonio de Gao Xingjian está en la línea de numerosos autores que retratan el infierno comunista desde lo particular cotidiano, y esta nueva vitalidad de la Historia nos parece un acierto. Otra cosa es el presente: cuando se ha pasado por ciertas experiencias, se es sólo un superviviente, para uno y para los demás. Los análisis pseudofilosóficos acerca de la libertad, el individualismo, el sentido de la escritura con que el autor pretende llenar su nueva vida, resultan un poco pueriles. La otra cara del sacrificio generacional es no poder librarse de esa carga, llevarla para siempre a cuestas.


Gao Xingjian: El libro de un hombre solo. Ediciones del Bronce, Barcelona, 2002, 540 páginas.

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