Con el 98,8% de las mesas escrutadas, y el 53,04% de los 10.900.000 votos emitidos, Álvaro Uribe Vélez, del movimiento Primero Colombia, es el próximo presidente de este país (asumirá su cargo a comienzos de agosto venidero). Su mas cercano rival Horacio Serpa, del Partido Liberal Colombiano, logró reunir el 31,7% de los sufragios. Prácticamente no existió dispersión en el voto, a pesar de la existencia de 11 candidatos presidenciales, lo que señalaría la voluntad de los 5.829.000 electores que le apoyaron de entregar un claro mandato a Uribe; lograr una paz digna y sanear el país.
Su primer discurso, el de aceptación del triunfo, sonó conciliador para un hombre que durante toda la campaña fue calificado como un halcón belicista y su primer gesto, conformar una mediación internacional para dialogar con los grupos armados, no parece confirmar estos calificativos. La tarea de Uribe no va a ser ni fácil ni simple, simultáneamente deberá confrontar militarmente a enemigos con características diversas que han tenido el tiempo y los recursos para equiparse y que la mayoría de las veces mantienen la iniciativa operacional, eligiendo donde y cuando golpear. Y tendrá que desplegar una intensa acción diplomática en la región para lograr los apoyos imprescindibles si desea enfrentarse con alguna posibilidad de éxito a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC); al Ejercito de Liberación Nacional (ELN) y a las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC o paramilitares).
”La coca”, en el fondo de la cuestión
Pero estos probables enfrentamientos a pesar de sus dificultades e implicancias no serán el problema mas grave que le aguarda. Colombia produce hoy el 90% de la cocaína que se consume en el mundo, y esta “producción” tiene raíces muy profundas en todo el país. Estimaciones del propio gobierno Colombiano hablan de al menos 160 organizaciones narcotraficantes conocidas, con unos 4.000 miembros detectados y vinculadas con unos 40 sindicatos del crimen organizado.
Muchos de estos grupos son desprendimientos de los desaparecidos carteles de Medellín, Cali o la Costa; operan manteniendo un muy bajo perfil, con un elevado grado de especialización y una cerrada compartimentación, mucho de lo cual fue aprendido en los “programas de entrenamiento” dictados por especialistas en operaciones clandestinas de la ex – KGB o de los Servicios de Inteligencia de Alemania Oriental; ahora trabajando bajo contrato para los narcotraficantes.
Unos se especializan en obtener tierras y manejar los cultivos, otros en los laboratorios que van de la hoja a la cocaína; otros se encargan del tráfico de los “químicos” (precursores) necesarios para estos procesos; hay quienes manejan los problemas de almacenamiento y quienes se ocupan del transporte hasta poner el producto en manos de los distribuidores en Estados Unidos, Europa, México, Brasil o donde sea necesario.
Estas elaboradas estructuras delictivas operan hoy en alianza con los 17.000 hombres armados de las FARC; o los mas de 10.000 de los paramilitares o los 5.000 combatientes del ELN, cuando se observa esto, es cuando se comienza a percibir que el problema no es de Colombia sino que afecta en forma directa a todo el Hemisferio. El panorama se hace más preocupante cuando se agrega la creciente presencia de los grupos del crimen organizado, Ruso, Ucraniano y Chino, por mencionar sólo a los mas activos.
El problema, también para los vecinos
Prácticamente no hay país del hemisferio que quede al margen, en mayor o menor medida de lo que va a suceder. Vecinos de Colombia que, como Panamá, ven con impotencia la presencia de las FARC en la región fronteriza conocida como El Darien, convertida ahora en un ejemplo de área sin ley.
Para Ecuador, la amenaza fronteriza no es sólo lo que significa la presencia de las FARC, sino su choque permanente con las AUC, que muchas veces tienen lugar en territorio ecuatoriano, al tiempo que toda la zona se convierte en un área de trasiego de armas y químicos, municiones y comida, con su cuota de corrupción y violencia.
Para Perú, las cosas son aún mas delicadas, los remanentes de Sendero Luminoso reciclados, tratan ahora de cimentar una alianza táctica con las FARC que les permita recibir apoyo y adoptar sus modelos de crecimiento en vez de los viejos métodos de terror del “Camarada Gonzalo”, mientras tanto, en las alturas, los campesinos vuelven a plantar coca con velocidad creciente. Son compañías enteras de las FARC que ingresan a territorio Peruano para hacerse con comida, medicinas, curar a sus heridos y reclutar nuevos miembros.
En la extensa frontera con Venezuela, los choques armados suceden casi a diario, lo mismo que el secuestro de hacendados. Según las autoridades colombianas, hay ahora campamentos permanentes de las FARC en territorio Venezolano, cosa que este país niega. A esto se le suma una creciente tensión diplomática entre los países vecinos, en especial desde el pedido de asilo del fugaz y ahora ex presidente de Venezuela, el empresario Carmona.
Brasil toma muy en serio el tema; no solamente por que los químicos y la droga navegan por el río Amazonas, sino por que los sindicatos colombianos establecieron alianzas muy efectivas con sus pares de Río de Janeiro o Sao Paulo. Mas de 4.000 efectivos con apoyo de helicópteros y lanchas artilladas patrullando el área fronteriza dan una noción de la percepción que Brasil tiene de la amenaza.
Chile, que comparte fronteras con Perú y Bolivia y cuyo comercio internacional es particularmente activo, se convierte por ello en uno de los dos paradigmas de las llamadas “rutas del Sur” desarrolladas como formas alternativas para alcanzar Europa. Chile resulta además uno de los mas activos centros de lavado de dinero de la región. Argentina es el otro punto crítico en la ruta sur; allí existen elaborados mecanismos facilitados por la corrupción para el traspaso de la droga con muy bajos riesgos.
La llegada de un nuevo gobierno a Colombia planteará opciones para la región, o se trata de aislarle diplomáticamente para forzarle a una negociación desde la debilidad, lo que no haría sino postergar y por ende agravar el problema para todos o bien se procura establecer formas de cooperación regional para colaborar con Colombia en su lucha contra las organizaciones terroristas y los carteles de la droga. Ciertamente que la responsabilidad es Colombiana, pero un Hemisferio unido en defensa de las instituciones democráticas podría ser de mucha ayuda.

Solidaridad del hemisferio
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