La reforma de la Ley de Partidos se encuentra en la recta final del proceso legislativo. Estamos, pues, en un momento delicado desde todos los puntos de vista, pero muy especialmente en el terreno político. Después de semanas de negociación entre el Partido Popular y el Partido Socialista, después de ceder y de recortar posiciones en apariencia intocables, unos y otros alcanzaron, en su momento, un complicado acuerdo que deberán cuidar con esmero por ser parte activa en el impulso de la iniciativa.
Esta actitud, que aconseja el sentido común, está siendo puesta a prueba con demasiada frecuencia por parte de populares y socialistas. Los primeros, con declaraciones poco calibradas de distintos miembros del Gobierno; los segundos, con amagos y "juegos" sobre la presentación de enmiendas a la reforma de la Ley en su paso por el Senado. Ni unos ni otros están actuando con seriedad. Más bien lo contrario. Están exteriorizando un actuación poco aconsejable y muy poco rentable políticamente, cuando la ocasión exige actuar con responsabilidad.
Las declaraciones realizadas el vicepresidente primero del Gobierno sobre la aplicación de la nueva Ley, dando fechas concretas para iniciar el proceso de ilegalización de Batasuna, es cuando menos una afirmación superficial y algo frívola. No es ejemplarizante para nadie que al ministro del Interior se le tenga que rectificar y matizar desde su propio Ministerio. Cuando esto ocurre, es que lo dicho por Mariano Rajoy no es un simple "desliz", sino una actuación muy poco afortunada. Es verdad que este lance que hay que enmarcarlo en su punto justo, sin exageraciones; pero al mismo tiempo, no es una estrategia prudente ni aconsejable que el número dos del Gobierno se dedique a hablar sobre una cuestión tan delicada de forma tan ligera.
Pero en fin, sobre esta falta de tacto en un asunto tan complicado, en el PSOE también están cometiendo errores. Los anuncios y las amenazas sobre la presentación de algunas enmiendas en el Senado a la reforma de la Ley de Partidos vuelve a ser también una equivocación poco explicable. Cuando en el Congreso el texto de la reforma citada ha sido aprobada generosamente y después de unas complicadas negociaciones a varias bandas, es evidente que sobran ahora estas actitudes, que lo único que consiguen es ofrecer una imagen de poca unidad.
Unos y otros deberían tomar nota. No estamos para protagonismos absurdos, ni para declaraciones irreflexivas. El asunto es demasiado serio como para que los dos grandes partidos políticos representados en el Parlamento actúen con madurez y también con eficacia. Aunque no están muy acostumbrados a estas exigencias, nunca es tarde sí deciden poner orden y desde ahora actúan con la seriedad necesaria.

La seriedad necesaria
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