La que concluyó fue una de las peores semanas para las economías de Argentina, Brasil, Uruguay y Chile cuyas finanzas emiten hoy preocupantes crujidos. La duda que quedó flotando es si la semana que comienza no será aún peor...Una de las poquísimas cosas que se ve clara en medio de la tormenta es que el Cono Sur, como un todo, no está entre las primeras prioridades de Washington (si bien muchos en Argentina se niegan a aceptar este dato, ya que prefieren imaginar tortuosas maniobras por parte de difusos poderes “americanos” para hacernos creer que no están interesados, cuando en realidad, todo es parte de una enorme conspiración para el despojo de nuestras riquezas).
El otro elemento relevante para el análisis y que continúa aún sin clarificación es que, frente a una Casa Blanca preocupada por otros temas, no está definido quien oficiará de “árbitro” entre Paul O’ Neill (Secretario del Tesoro) y el Departamento de Estado, dado que ambos parecen tener ópticas divergentes respecto, no sólo del diagnóstico de la situación, sino también de los escenarios futuros y como operar en ellos. Argentina se ocupó durante los últimos meses, con total irresponsabilidad, de acumular los barriles de pólvora, lo que sucedió es que Brasil tiró, sin proponérselo, el fósforo encendido y ahora todos aguardamos horrorizados para ver la magnitud de la explosión que ya parece inevitable.
Podemos determinar los comienzos de esta crisis, pero lo que aún no barruntamos es un pronóstico sobre donde y en qué termina, pero sobre todo, sobre cual será el alcance y la virulencia de la onda de pánico que amenaza extenderse por todo el hemisferio, como incendio forestal. El epicentro estaba en Buenos Aires, pero para el Viernes 21 los “sismógrafos” económicos ya habían saltado en Montevideo — Uruguay—, en Brasilia, Río de Janeiro, San Pablo y alcanzaban a Santiago de Chile que, hasta el momento parecía indiferente a la reacción en cadena. Hasta qué punto Brasil se “contagió” de Argentina? La pregunta es ya casi irrelevante, pero está claro que buena parte de la responsabilidad en la detonación recae en la actual administración de Fernando Henrique Cardoso, embarcada en la promoción de “su candidato” –José Serra – para las próximas elecciones del mes de Octubre.
En este contexto les pareció astuto lanzar la idea que, de triunfar el candidato del Partido Travalhista, José Inacio Lula da Silva, Brasil se convertiría en otra Argentina. Lo que tal vez no esperaban es que “afuera” tomaran esto a la letra; así Moodys comenzó a bajar la calificación de la deuda Brasileña de positiva, a estable y de allí a negativa. Paul O’ Nelly afirmó que Brasil no recibiría más recursos porque su problema es político; el Viernes el riesgo país perforó los 1800 puntos quedando segundo en el “fixture” detrás de su vecino en infortunios: Argentina. Lo paradójico es que todo esto sucedía en las horas en que Lula daba a conocer que el actual senador José Alencar sería su compañero de formula. Alencar es un millonario industrial del estado de Minas Gerais, dirigente del Partido Liberal, muy fuerte entre la comunidad evangélica y de clara orientación conservadora; pero ni siquiera este acuerdo sirvió para cambiar el humor de los inversores.
El cálculo del gobierno fracasó, no fue posible agitar el fantasma de un Lula “estatizador y socialista” y luego, con el triunfo de Serra asegurado, detener la corrida. En tanto, en Uruguay se materializaron los nubarrones que se venían formando en el horizonte; primero fue la brutal reducción de los ingresos turísticos y luego comenzó el drenaje de depósitos argentinos en bancos uruguayos, lo que se aceleró en los últimos 15 días, al tiempo que las exportaciones hacia la Argentina caían a solo un cuarto de los totales de igual período del año pasado. Al aplicar el mandato de libre flotación del dólar sugerido por los tecnócratas del Fondo Monetario, la moneda se terminó depreciando en casi un 30% en pocas horas; con lo que la apertura de los mercados está enmarcada en un gran signo de interrogación.
Si este panorama no parece tranquilizador restan aún por sumarle dos elementos políticos más. Venezuela entró en un nuevo período de convulsiones que hará eclosión en muy corto plazo, con consecuencias muy difíciles de predecir. A comienzos de Agosto, un nuevo presidente ocupará el cargo en Colombia, Álvaro Uribe Vélez, quien centró su campaña en la promesa de conducir una guerra abierta, de ser necesario, contra los narcotraficantes y la guerrilla, con lo que es de esperar un aumento generalizado de la violencia en las fronteras con Panamá, Venezuela, Brasil, Ecuador y Perú.
Para los inversores internacionales, la experiencia Argentina resultó lo suficientemente traumática como para tener muy presente que quienes no abandonaron a tiempo los papeles de deuda de los “mercados emergentes” terminaron sufriendo dolorosas pérdidas, con lo que toda la región que creció en los últimos años, merced a esos aportes de capital, entrará en un cono de dudas y sombras que van a agravar la ya de por si explosiva situación social.
Investigación periodística: Carolina Paduch

¿Comenzó ya la avalancha...?
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