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El final de un engaño colectivo

El nacionalismo vasco se ha convertido ya en el gran perdedor político de la ilegalización de Batasuna. Las declaraciones de su portavoz parlamentario Iñaki Anasagasti, desvelando que el PNV va a votar en contra de la ilegalización del brazo político de ETA en el Pleno extraordinario del Congreso, es una evidencia más de su complicidad con el entorno de los terroristas. El PNV, anclado en la ficción, siempre ha intentado esconderse en la cueva de la ambigüedad, pero lo cierto es que esta estrategia, ha ido confirmando, que era una auténtica trampa para sus militantes y votantes. Los argumentos expuestos por Anasagasti para justificar la posición de su Grupo Parlamentario, por lo menos, provocan la carcajada: "El PNV votará en contra de la ilegalización de Batasuna, puesto que la banda terrorista ETA es la única realmente ilegal". Toda esta argumentación infantil y ridícula está colocando realmente a los dirigentes del nacionalismo vasco en el lugar que ellos solos se han buscado. Habría que preguntar al señor Anasagasti varias cuestiones: ¿Es legal, como hemos oído de los dirigentes de Batasuna, apoyar los atentados de ETA? ¿Es legal, justificar los asesinatos? ¿Es legal fomentar y justificar la violencia callejera?. ¿Es legal incitar de forma permanente a la desobediencia de las leyes?

Desde luego que ETA es ilegal, pero Batasuna no se queda atrás desde el momento en que apoya y se identifica con los métodos y los objetivos de los terroristas. Y el nacionalismo vasco deberá ser consciente, de una vez por todas, del daño político y moral que está haciendo a la sociedad vasca cuando se muestra constantemente incapaz de dar muestras de fortaleza en la gestión del Gobierno de Vitoria, permitiendo que el brazo político de los terroristas imponga sus directrices totalitarias y asesinas, sin que se escuche el más mínimo reproche desde el mundo nacionalista.

Con la actitud anunciada por Anasagasti, el nacionalismo vasco está evidenciando sus miedos y temores, obsesionado con calmar a Batasuna. Hay que recordar, en este sentido, que en la manifestación del pasado domingo en San Sebastián el brazo político de ETA exigía al PNV que no asistiera al pleno del próximo 26 de agosto como señal clara de apoyo a las ideas del soberanismo y de la independencia que ellos defienden, como apoyo expreso a los terroristas y a sus estructuras políticas. EL PNV ha salido corriendo a calmar las aguas; y en su posición, habitualmente timorata, ha dejado en evidencia hasta qué punto su línea política y su estrategia de futuro dependen de los gritos y de las bravuconadas de los dirigentes de Batasuna.

Con el camino de la ilegalización iniciado, los terroristas se muestran nerviosos y crueles, los batasunos dan muestras de desconcierto y de miedo, los nacionalistas han quedado en evidencia y en ridículo. Con la ilegalización, ETA y Batasuna salen muy mal parados al quedar desmontadas sus estructuras políticas y cegadas muchos de sus fuentes de financiación; pero el nacionalismo vasco se queda descompuesto, sin recursos y sin excusas para una estrategia que se está convirtiendo en un verdadero suicidio político.

El PNV tiene que definirse respecto de la ilegalización de Batasuna. Ya no puede moverse en esa ficticia tierra de nadie, que sólo existía en la imaginación de sus dirigentes. Los nacionalistas vascos tienen que decidir, tienen que mostrar todas sus cartas con el peligro real que eso entraña para unas formaciones políticas que viven desde hace mucho tiempo pendientes de los caprichos de Batasuna. Con la ilegalización, el PNV ya no puede seguir buscando la complicidad del entorno político de ETA. El vicepresidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha comentado que en un plazo de seis meses puede verse ejecutada la ilegalización de Batasuna. Pues bien, esos seis meses anunciados se van a convertir en una lenta agonía política del nacionalismo vasco. O rectifican, algo por el momento impensable con los actuales dirigentes, o estaremos asistiendo a una gran ceremonia del ridículo más espantoso. Con la ilegalización de Batasuna ha llegado la hora de la verdad para el nacionalismo vasco, así como también el final de este engaño colectivo.

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