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¿El toro?... por los cuernos

El toro esta ahí. Se puede afrontar el trago o salir corriendo. Se puede reconocer la dificultad de la faena o mirar hacia otro lado. Se puede aceptar la realidad o enfadarse por las dificultades que se presentan en el horizonte. Se puede recurrir mil veces al tópico de la tranquilidad, pero el gusanillo no desaparece.

La sucesión de José María Aznar no es, aunque algunos se empeñen en repetirlo, un argumento recurrente en los medios de comunicación. El futuro del Partido Popular es obligatoriamente una cuestión de relevancia nacional, desde el momento en que es el partido más votado, con una amplia mayoría absoluta. Por todo ello, desde el Gobierno y desde el entorno popular no deberían rebelarse ante la aparición de un debate sobre la sucesión de Aznar. Ellos son los que han arbitrado el sistema para elegir al futuro líder del PP, ellos son los que han marcado los distintos pasos en el calendario, ellos son los que han diseñado un proceso de designación del sucesor. Por lo tanto, desde el PP deberán asumir sin miedos "los daños colaterales" de una situación a la que nadie les ha empujado.

Algunos pueden criticar lo que está ocurriendo, otros pueden defender las reglas fijadas. Con críticas o con alabanzas lo único cierto es que la polvareda se ha levantado y sería un grave error estratégico pretender convencer a los ciudadanos que donde hay tormenta, se vive con tranquilidad. A estas alturas de la película no parece que sea suficiente con repetir que en el PP hay mucha tranquilidad y que nadie está preocupado por nada. Hay nervios, unos nervios lógicos. Lo contrario sería de otra galaxia.

Ahora el objetivo debería centrarse en reordenar un proceso que no contaba con una importante caída del PP en las encuestas, unida a una imagen de un cierto cansancio en la gestión del Ejecutivo. Es verdad, que precipitarse deprisa y corriendo en la designación del sucesor podría tener un efecto dañino, pero especialmente convertiría las elecciones municipales y autonómicas del año próximo en unas primarias para el sucesor de Aznar. Pero en cambio, sí aparece como una posibilidad interesante que los populares adelanten la elección del candidato justo antes del verano. Los que apuestan por este calendario insisten en que de esta forma no se regalará a Rodríguez Zapatero cuatro meses de precampaña electoral y se evitará que durante todo ese tiempo la "gran cuestión nacional" sea el futuro lider del Partido Popular.

Con todo esto, lo que sí parece seguro es que Aznar no podrá escoger "sin más" al sucesor. Tendrá que escuchar al partido, pero sobre todo deberá escoger a alguien con capacidad de aglutinar a todo el PP, sin ningún rechazo interno. Y además, al menos así lo piensan los estrategas populares, se quiere organizar una gran operación de consultas de José María Aznar con todos los sectores del partido, ofreciendo así una imagen de consenso general.

En fin, se haga como se haga, el Partido Popular tiene ahí el toro. Y lo más conveniente y efectivo políticamente, será cogerlo por los cuernos.

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