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En un mundo feliz

Toda la sofisticación con que se están celebrando los preparativos de la boda entre Ana Aznar y Alejandro Agag no está gustando nada en importantes sectores del Partido Popular. La introducción de las siglas del PP en el mundo de la farándula, del famoseo y de la nocturnidad exquisita está dejando perplejos a más de un "mandamás" popular. Las críticas no se ocultan y la sorpresa, tampoco.

Es más, se oye una cierta queja hacia todo el toque de aparatosidad que se está confiriendo al enlace de la hija del presidente del Gobierno. En este sentido, desde dentro del partido se recuerda que, después de tantos años intentando romper con la etiqueta de "pijos", ahora de golpe y porrazo se vuelve a las andadas del pasado. Una imagen, explican, que no beneficia en nada al PP en vísperas de una larga temporada electoral. Tampoco gusta la impresión de que está apareciendo una nueva clase de “gente guapa", que no necesita trabajar para vivir, y que ha nacido al calor del poder del Partido Popular.

En resumen, disgusto y también asombro. Los populares que critican lo que está ocurriendo añaden: "Este no es el estilo sobrio del presidente Aznar". Y no les falta razón. A José María Aznar, que desde luego tiene sus defectos, nadie le podrá acusar de engancharse al lujo del poder. El actual presidente del Gobierno, desde que llegó al Palacio de la Moncloa, ha impregnado toda su actividad pública de sobriedad. Aznar siempre ha huido de la imagen de gasto excesivo. En su momento ordenó austeridad en regalos, recepciones, almuerzos y viajes oficiales; una orden que, además de cumplirse al pie de la letra, se ha convertido en un estilo de Gobierno. Por todo ello, ha llamado la atención poderosamente, dentro y fuera del partido, lo que está ocurriendo con la celebración. "¡Esto no puede ser idea de Aznar!", repiten desde las filas populares, una y otra vez.

Lo cierto es que esta demostración de poderío está dejando un poso de decepción en los cuarteles populares. Desde luego que cada uno puede gastar el dinero personal en lo que crea más oportuno, pero no ven con buenos ojos que el PP haya recuperado la imagen de vivir en una "burbuja de felicidad", sin preocupaciones ni inquietudes. Un mundo fuera de la realidad y muy lejos, por lo tanto, de las inquietudes de los ciudadanos. Es la vuelta al "mundo feliz", que durante años tanto daño hizo como "seña de identidad" a la derecha española.

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