Quizá está pasando inadvertido en la opinión pública. Desde luego que en el PP quieren que tenga la repercusión justa. Pero hay que dejar constancia de que el Partido Popular está viviendo durante estas semanas un momento clave para su futuro interno y externo. Desde el primer fin de semana de septiembre y hasta finales de octubre, los populares están celebrando los congresos regionales del partido. Esta vez no son unos congresos de transición, no estamos asistiendo a una simple cascada de cambios más o menos previstos e intrascendentes. Esta vez es distinto: ahora se está renovando todo el aparato del PP en cada pueblo, en cada ciudad y en cada autonomía. Son muchos nuevos nombres en nuevos cargos, muchos de ellos desconocidos. Pero detrás de todas esas personas aparecen las verdaderas estructuras del partido que van a ejecutar la sucesión. No podemos olvidar, que la elección del sucesor saldrá del propio presidente Aznar; pero la aceptación, el acatamiento de esa decisión, tendrá que salir de las organizaciones regionales. Por todo ello, habrá que seguir muy de cerca la renovación de las Ejecutivas regionales, analizando el peso de sus composiciones.
Los resultados de los congresos regionales son imprescindibles para saber cómo va a ser la transición hacia el sucesor. De todo ello depende que la nueva etapa del PP se convierta en una continuación de la actual, o por el contrario, comiencen a aparecer las fisuras y las divisiones.
Con todo esto, los Congresos regionales del Partido Popular van a dejar en el camino a los primeros heridos irrecuperables para la causa. Con el final de una época, con el final de la etapa-Aznar al frente del Partido Popular, comienzan también a quedarse los primeros damnificados en el camino, sin rectificación posible. Hasta ahora, José María Aznar se había cuidado siempre de que nadie se quedará descolgado. Aunque ciertamente hay una excepción, en esta lista de "sacrificados" no podremos nunca olvidarnos de Alejo Vidal-Quadras, que fue apartado de la dirección del PP catalán como condición expresa de Jordi Pujol para apoyar al Gobierno de Aznar en la primera legislatura. En todo caso, son pocos los que tienen recibos pendientes con Aznar, pero ahora, con su anunciada retirada, salta también una pregunta en el partido:¿Tienen que retirarse con Aznar también el resto de dirigentes de su generación?. Dicho de otra forma: la marcha de Aznar ¿obliga a los Rato, Trillo, Loyola y compañía a retirarse?. Previsiblemente, los grandes nombres del partido encontrarán un buen acomodo dentro o fuera del PP, pero el problema comienza en tantas capitales de provincia donde el "cambio de Aznar" llegará también y donde muchos dirigentes jóvenes "exigirán" a los más mayores que sigan el ejemplo del presidente del Gobierno.
En las organizaciones regionales y provinciales se vive con inquietud desde hace meses los interrogantes del futuro. Entienden que la sucesión va a significar un "terremoto" interno que ahora se amortigua en los Congresos regionales tapando huecos y marcando el camino. Pero en las bases populares se sabe de sobra que lo único se está intentando ahora es echar tierra encima de las turbulencias, se quiere aplazar en el tiempo cualquier amago de desavenencias, se pretende que, por el momento, no se mueva nadie. Pero esta estrategia con claros objetivos electorales esta tapando la realidad del Partido. Hay inquietud y esa inquietud puede terminar en una tormenta. En las distintas estructuras regionales del PP sólo piden una cosa: que en Madrid no se olviden que la sucesión de Aznar no acaba en la simple elección. El proceso de sucesión se prolongará después en cada organización provincial y regional. Y entonces es cuando alguien se puede llevar un susto, puesto que la realidad no es tan bonita como se pinta y la unidad no es tan fuerte como dicen. No todo es de color de rosa.

¡Esta es la verdadera sucesión!
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