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Matar al contra-natura

Se supo un sacrificador, en el instante de echar a mano a la navaja. Y destripar al tipo aquel que era, no sólo alcalde de París, también homosexual: lo imperdonable. Puede que Azedine Berkane, que falló por muy poco en su intento de asesinar a Bertrand Delanoë en la madrugada del pasado domingo, no fuera un habitual de la mezquita. Musulmán, sí lo era, lo es. Lo bastante como para saber lo que de verdad importa. Lo que proclamó trs su fallida hazaña: “Los maricones son contra-natura. El Corán dice que no son cosa buena”.

Un sacrificador, un hombre sagrado. Porque Azedine Berkane no busca asesinar en nombre propio. Da muerte –busca dar muerte–en el nombre de la trascendencia. Y, al dar muerte –al buscar darla– no pone de sí sino aquello que el creyente adeuda a ese Alá que ordena en su libro el exterminio sin miramientos de infieles, ateos, homosexuales, adúlteras.... De todo aquello que contraría el plan del Misericordioso, y que, al contrariarlo, viola la naturaleza y debe de ella ser borrado. El creyente ejecuta sólo lo que el libro dice. Sin ambivalencias.

París debió parecerle aquella noche la sucursal del infierno. Nuit blanche, noche en blanco de fiesta, surcada por gentes ajenas al mandato del Piadoso. No es difícil imaginarlo, noctívago y justiciero, en esa nueva Sodoma que transitan mujeres desveladas a quienes nadie lapida como la decencia manda. Lo imagino, náufrago de su Dios y del despótico libro en el cual cifra todo buen musulmán orden y sentido. Lo imagino aterrado y rencoroso entre las gentes felices de este mundo rico, gracias a cuya caridad él sobrevive: “llevo una vida de mierda en una ciudad de mierda”, dirá enseguida a sus captores. En una ciudad que le paga, a él, al fiel creyente, un sueldo de subsistencia sólo por existir; en una ciudad que vota alcalde a lo que el Corán sabe sólo una aberración “contra natura”.

Lo psiquiatras dirán luego que Azedine Berkane estaba loco. Puede. Su locura, sin embargo, tiene el código de un libro. Y para aquel que crea en la verdad incuestionable de ese texto, asesinar homosexuales no es locura. Es piedad literalista.

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