La irrupción, en la escena política, del robo de importantes y cuantiosos documentos en el despacho de Pedro Arriola sobre la sucesión de José María Aznar, nos sitúa ya en un terreno propio de la novela negra, un genero literario muy peligroso en política. Hasta ahora, todo lo que hacia referencia al futuro sucesor del actual presidente del Gobierno no pasaba del conciliábulo político o del rumor más o menos fundamentado; pero con este nuevo condimento dejamos el "juego limpio" para entrar de lleno en el terreno del espionaje y del robo. Dejamos la anécdota, la quiniela o la especulación para pasar ya a un capítulo como mínimo de intrigas palaciegas. Volvemos a recuperar los viejos defectos de la derecha.
La discreción y la prudencia con las que durante toda la jornada se han estado moviendo en el Gobierno y en el Partido Popular nos sugiere, sin miedo a la equivocación, que estamos ante una cuestión seria, con unas repercusiones tan importantes que todavía es complicado valorarlas en su justa medida.
Lo que sí esta claro es que todo el proceso de la sucesión se les está yendo de las manos. No estamos, en este caso, ante juegos políticos, no estamos ante estrategias o zancadillas. Estamos ante una historia que tiene todos los ribetes para ser un auténtico escándalo político.
En estos momentos, la sucesión de Aznar ha entrado en un terreno complicado y de peligrosas arenas movedizas. Aquí ya no vale la estrategia de "ordeno y mando". De puertas adentro tendrán que aclararse muchas cosas, muchas formas de actuar hasta ahora impensables en el Partido Popular. Por primera, vez los propios candidatos a la sucesión de Aznar se han visto envueltos en una historia oscura y poco deseable.
La aparición de una trama de robos y de espionaje nos coloca ante una realidad que se intentaba ocultar: el PP no es ni de lejos una balsa de aceite. En las filas populares, del "primero" al "último", hay mucho mar de fondo. La retirada de Aznar de la primera línea de la política significará, inevitablemente, la jubilación de una generación política con capacidad para seguir trabajando. Es más, esta historia de encuestas e informes tiene muy mala pinta. Esta vez no parecen suficientes algunos mensajes más o menos tranquilizadores. ¡Aquí hay tomate!.

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