El revolcón que el secretario general del PSOE ha dado al Gobierno, con su presidente al frente, es una realidad política incuestionable. Rodríguez Zapatero, con una fuerte dosis de teatralidad, ha ofrecido en el Debate de Presupuestos una bocanada de frescura frente al agarrotamiento de un Gobierno que, con mayoría absoluta, tiene el pensamiento puesto en la sucesión de Aznar. Acostumbrados como están en el Partido Popular al ahora no toca y ahora toca; no han sabido reaccionar ante un gesto de Zapatero que no tenían previsto en el guión. El Ejecutivo de Aznar ha ofrecido la imagen de un colectivo que, acomodado en el poder, sigue al pie de la letra las directrices de un esquema que comienza a quedarse antiguo. El PP tiene un camino marcado, fuera de él se quedan sin reflejos y sin capacidad de respuesta.
Es cierto que la actitud de Rodríguez Zapatero es susceptible de críticas y de comentarios negativos. Es verdad que el líder de los socialistas está más pendiente de las formas que del fondo. Nadie discute que las propuestas de Zapatero no estaban bien cimentadas. Pero en las filas populares no deberían olvidarse que en política los golpes de efecto tienen su importancia.
Con los datos en la mano, la gestión económica de los Gobiernos de Aznar debería ser valorada en toda su importancia. Los números y las cuentas avalan al PP. Pero esa seguridad de la que alardean sin parar, no debería traducirse en prepotencia. Las cuentas cuadran, pero la frescura y los reflejos los han perdido. Ante el golpe de efecto de Zapatero desde el banco azul se respondió con una "cara de palo" digna de mención. Todos apoltronados a la espera de un gesto del Jefe, que nunca llegó. Precisamente el día después en el PP, más de uno, ofrece muestras de desconcierto y de desasosiego. Más de uno ha comentado en privado:" Hemos perdido el punch de otras épocas".
Lo cierto es que la resaca mediática ha sido difícil de digerir para Aznar. El Gobierno ha recibido un fuerte varapalo desde "todos" los medios de comunicación, a excepción de los "oficiales". En el PP no se quieren enterar que estamos ya en un terreno que no se soluciona con tres "publireportajes" estratégicamente emitidos en los Telediarios. Los populares no se terminan de enterar que lo que se pierde en el Congreso no se gana en un Telediario, aunque se organicen ¿improvisadas? declaraciones del presidente del Gobierno, con la única presencia de los medios "amigos" del Gobierno. Casualidades de la vida.
Nadie discute a estas alturas que Aznar tiene bien cimentado su trabajo político, que es un trabajador nato y que es un político que ha fundamentado su éxito en la honradez. Todo eso es cierto, pero tan cierto como que Zapatero le ha perdido el respeto en el Parlamento, y esa es una peligrosa señal. De acuerdo, Aznar es el fondo y Zapatero es la forma. Pero que nadie se olvide de que muchos votantes prefieren la forma al fondo, y eso puede tener un reflejo final en las urnas. ¡Avisados están!.

Hoy toca revolcón
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