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Las ¿casualidades? de la sucesión

Sólo han tenido que pasar cinco días del mes de enero para que la sucesión de José María Aznar se coloque encima de la mesa política. Primero fue Rodrigo Rato, cuando el pasado domingo se ponía a disposición del Partido para ser candidato a la Presidencia del Gobierno; luego ha llegado la información de que Rodrigo Rato se caía del triplete de la Convención Nacional del PP de este mes de enero, siendo el único vicesecretario popular que no subirá a la tribuna de oradores y por último oíamos el recordatorio de Arenas a Rato: "ahora no es momento para hablar de la sucesión". Como ven, un arranque muy "movidito".

Llevamos una semana del primer mes del año, y como era previsible, la sucesión de Aznar está zascandileando de esquina en esquina entre las filas populares. Algo que no puede ser ninguna sorpresa para nadie. Nadie puede olvidar, faltando menos de nueve meses para la designación del candidato a la sucesión, que cualquier gesto, cualquier omisión, cualquier presencia o cualquier ausencia tendrá una lectura obligada, dentro y fuera, sobre el perfil del elegido para ser el próximo candidato del PP a la Presidencia del Gobierno.

Ciertamente, la ausencia de Rodrigo Rato de la lista de oradores de la Convención del PP llama, cuando menos, poderosamente la atención. Es inevitable que se hagan interpretaciones sobre una ausencia que no tiene mucha explicación política cuando será el ministro de Hacienda, Cristobal Montoro, quien exponga la ponencia sobre desarrollo económico y solidaridad.

En la Convención Nacional del PP hablarán un amplio elenco de dirigentes del PP: allí estarán Ruiz Gallardón, Carlos Floriano, Adolfo Suarez Illana, Ovidio Sánchez, Josep Piqué o Loyola de Palacio; sin olvidarnos de Mayor, Rajoy, Arenas o el propio Aznar. Son sólo algunos ejemplos de una variada representación de los distintos "poderes" del PP que tendrán su "minuto de gloria". Es por todo ello que la ausencia de Rato no es una simple casualidad.

Una ausencia que se mezcla con alguna otra escena del pasado. Sin duda, muchos militantes y dirigentes populares recuerdan perfectamente cómo en el reciente Congreso del PP de Madrid, el pasado otoño, Rodrigo Rato se llevó un estruendoso aplauso, con los asistentes puestos en pie, cuando llegó al Palacio de Congresos. Además, Rato, entonces, rompió una sagrada costumbre: se permitió el lujo de llegar después de Aznar y su presencia interrumpió el acto con aplausos y vítores, algo nunca visto. En los actos públicos, una vez que ha llegado el "jefe", nadie se mueve.

Guste o no guste, la ausencia de Rato de la Convención Nacional es una polémica que acaba de iniciarse. Y es que, a estas alturas del proceso sucesorio, todo es importante; y con la experiencia del pasado, a más de uno le podía dar miedo que la citada Convención, diseñada como trampolín electoral, se convirtiera en un refrendo público y sonoro del partido hacia Rato. En fin, en esto de la sucesión, sinceramente, no hay casualidades.

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