Ha sido cuando menos se esperaba. Les ha costado, pero al final lo han reconocido. Uno de los grandes problemas que ha "sufrido" el PP en la crisis del Prestige ha llegado desde dentro. En este caso no ha sido el Partido Socialista quién ha provocado ese desgaste, incluso tampoco han sido los lógicos errores "técnicos" a la hora de gestionar una crisis de estas características. Los momentos más duros y agudos de la crisis han llegado por la incapacidad interna de hacer frente a los problemas, pero sobre todo como decía Aznar "por no salir al paso de las críticas, (...) e incluso por haber contribuido a su difusión".
Estas palabras nos enseñan, "a toro pasado", algo que era un secreto a voces. El Gobierno ha pasado con el desastre del Prestige por el momento más crítico, con diferencia, desde su llegada al poder. ¡Como habrán estado las encuestas de intención de voto para que el presidente Aznar reconozca ante cámaras y micrófonos que el Partido Popular ha contribuido a la difusión de las críticas sobre la penosa actuación del Gobierno en todo este desastre!
Estas afirmaciones públicas, en todo caso, van más allá. No estamos ya ante un simple reconocimiento de los errores, sino ante una clara llamada de atención del presidente a los suyos. El problema más importante ha venido desde dentro. El verdadero obstáculo, les ha venido a decir Aznar, "ha sido nuestra ineptitud y nuestra parálisis a la hora de defender al Gobierno y a su presidente" . Una llamada de atención, una "bronca" a la luz pública que esconde el verdadero tropezón del Gobierno. Muy pocos en el Partido Popular se han atrevido a decir a la cara al presidente que la verdadera dificultad del Gobierno a la hora de afrontar la crisis fue la falta de iniciativa del propio Aznar en las primeras semanas de la crisis. Muy pocos se lo han dicho a la cara, pero muchos son los que lo han comentado en los pasillos y despachos populares.
Las críticas públicas o privadas han tenido una clara dirección: ha faltado una política de gestos que hiciera frente al desastre, con un presidente escondido en Moncloa y tardando más de un mes en aparecer en Galicia. En el PP se lamentan de que Aznar no se pusiera las botas, como hizo el canciller Schröder en las inundaciones de Alemania este verano. Entonces el político alemán, recuerdan, se calzó las botas y ganó unas elecciones perdidas.
Aznar no se ha querido poner las botas y el horizonte está realmente borrascoso. Ahora estamos asistiendo a una ofensiva del Gobierno para borrar todo rastro de "chapapote" político. En mayo sabremos con qué eficacia. Quizá su ausencia de las playas gallegas, enfundado en unas botas, sea sólo una imagen. Pero la política –parece mentira que se les olvide cuando les conviene– está fabricada por imágenes. Y por el momento, no hay ninguna en el álbum de la legislatura del presidente Aznar con sus "catiuscas". Algo más que un simple error.

Y Aznar no se puso las botas
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