En el PP respiran tranquilos, las cuentas que habían hecho sobre el calendario electoral han cuadrado. Comienzan las vacaciones políticas y laborales con la guerra en sus últimas bocanadas, y por lo tanto, deberá normalizarse la vida política y social que tan encrespadas han estado estas últimas semanas.
El presidente Aznar ha comunicado a los suyos que no hay tiempo que perder, que recuperar el "tiempo electoral" que se ha empleado para defender la unidad del partido y explicar la posición del Ejecutivo en la guerra de Irak. Aznar está convencido de que se puede dar la vuelta a la tortilla, y aunque ahora las encuestas indican un claro retroceso de los populares, piensan en el PP que la política de convicciones y principios desarrollada en esta crisis, les devolverá a las anteriores cotas de credibilidad.
La realidad es que el PP ha comenzado a poner la maquinaria electoral en marcha. Lo que parece imprescindible es que el presidente Aznar se implique al máximo en la campaña electoral. Sería un error, ahora, que los mítines de pueblo en pueblo le parezcan algo secundario, o que relativice la importancia de unas elecciones municipales. Aznar debe entrar de lleno en la campaña, ofrecer seguridad, vender gestión y apoyar a los suyos. En el PP, muchos dirigentes provinciales y regionales se han sentido "abandonados" por distintos motivos, y ahora es casi obligatorio que el presidente "se trabaje" la cohesión de su partido en cada rincón de España.
Lo que parece evidente es que la guerra de Irak ha dejado algunos heridos en las filas populares. Esos heridos son los dirigentes nacionales, los ministros y los responsables autonómicos que se han escondido, que no han dado la cara, que se han desentendido de las decisiones del presidente sobre la crisis. Muchos que tendrían que haber estado en primera fila han desaparecido, muchos que tendrían que haber asumido en público la estrategia del Gobierno, han preferido el anonimato. Ahora que todo ha pasado y que comienza a verse el final del túnel en el desgaste político, intentarán volver a sacar la cabeza; pero les guste o no les guste, han quedado señalados con la etiqueta de "cobardes".
Con todo, después de la Semana Santa, el PP va a tener un mes justo para preparar la campaña electoral. Desde luego, no hay tiempo que perder; aunque ciertamente tienen un claro aliado: una oposición inoperante.
Rodriguez Zapatero con pancarta en mano, Gaspar Llamazares con pegatina en solapa y Felipe González de machada en machada son el triste contrapeso de la balanza. En fin, con esta oposición a la vista, quizá no sea tan complicado para el PP. Queda suficiente tiempo, si se empeñan, para dar la vuelta a las encuestas.

La vuelta a la tortilla electoral
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