El presidente Aznar ha estrenado Gobierno. El martes 22 de abril, José María Aznar no ha hecho crisis en su Gabinete, pero muchos de sus ministros han vuelto a ejercer de tales. Coincidiendo con la Convención Nacional que los populares han organizado, bajo el recordatorio de "Siete años de Gobierno popular", muchos de los ministros del Ejecutivo de Aznar han salido de su escondite. Y es que a nadie se le oculta que durante la crisis de Irak muchos de los responsables ministeriales se han situado fuera de la polémica. Ya sea por miedo a las críticas, ya sea por temor a las equivocaciones, muchos de los ministros, que se decían "pesos pesados" del PP, han desaparecido del mapa para evitar desgastes personales.
Ahora, con la perspectiva del tiempo, es evidente que el presidente Aznar ha afrontado en soledad la principal crisis de su mandato. A la hora de la verdad, muchos de los miembros de su Gabinete han preferido ponerse de canto para no jugarse el futuro político, otros que ante el presidente agachan la cabeza con docilidad criticaban a sus espaldas la posición del "Jefe", sin olvidarnos de aquellos que han dado descaradamente un paso atrás en los momentos complicados. Aznar, que en teoría había nombrado a su gran Gobierno de despedida el pasado mes de julio, se ha encontrado que tenía menos peso específico del esperado. Algunos, como globos sin aire, se han caído de bruces contra el suelo.
Con esta situación, el pasado lunes, ante la Junta Directiva del PP, Aznar marcaba la pauta, y el martes todos sus ministros le han seguido a pies juntillas. Aznar ha tenido que zarandear a los suyos para que salgan de los escondites, y ahora que la guerra ha terminado, han comenzado a desperezarse.
Con la Convencion Nacional sobre siete años de Gobierno, ha sido el propio Aznar en persona quien se ha empeñado en que sus ministros vuelvan al escenario político y "vendan" sin complejos la gestión del Ejecutivo. Aznar ha tocado la corneta y sus ministros comienzan a entrar en vereda.
Por el momento, el presidente no parece ofrecer muestras de enfado. Su objetivo es ganar las próximas municipales y autonómicas en primera persona; y luego ya con tranquilidad, sin ruido y en silencio pasará las facturas necesarias al miedo escénico de sus ministros. Aznar perdona, pero no olvida. Su soledad ha sido grande, llamativa y dura. Demasiado descarado para que la vida siga igual, después del 25 de mayo.

Aznar perdona, pero no olvida
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