Con los primeros días de la campaña electoral ya en la memoria, con los primeros tramos de este trayecto electoral consumidos, la situación política y de contenidos se está clarificando con más rapidez de lo previsible. Sin mucha necesidad de dejar pasar más tiempo, el enfrentamiento dialéctico y diario de los líderes de los dos grandes partidos está dejando a cada uno en su sitio. A la hora de analizar el fondo, pero también a la hora de percibir las formas, la diferencia entre el presidente Aznar y el secretario general del PSOE, Rodríguez Zapatero, se presenta abismal, e incluso humillante para el líder socialista. Después de muy pocos días de campaña, lo único claro que tenemos en estos momentos es que Rodríguez Zapatero está verde, muy verde.
Estas elecciones municipales y autonómicas, como era previsible, se han convertido en un verdadero termómetro para las posibilidades reales de los dos grandes partidos en las elecciones generales del año próximo. Y a día de hoy, la confrontación de ideas, mensajes y programas es demoledora. El Partido Socialista, y más concretamente Zapatero, está realizando una campaña a remolque de las propuestas del presidente Aznar. Mientras que el presidente del Ejecutivo está presentando un programa coherente y un mensaje rotundo sobre la articulación de España y sobre la lucha contra el terrorismo, Rodríguez Zapatero se dedica a responder a las anécdotas de la campaña. No está entrando en el fondo de las cuestiones, se dedica exclusivamente a responder con chistes fáciles a las típicas historias de una campaña; respuestas más propias de una tertulia de amigos que se reúnen a pasar el rato que de un político que aspira a ser presidente del Gobierno.
Han sido suficientes unos pocos días de campaña para que las diferencias queden claras y patentes. Ahora se nos anuncia que Zapatero va a introducir nuevos asuntos en la dinámica electoral: quiere introducir el problema de la vivienda en su prontuario. Vale. Pero el problema de Zapatero no es ese. Su verdadero reto es construir un mensaje creíble de Gobierno, es demostrar que su "amor por el diálogo" no es falta de carácter, es confirmar que, además de destruir, sabe fabricar futuro; pero como se ha metido en un callejón sin salida de la mano de Llamazares, ahora tiene muy complicado rectificar. Zapatero no está dando la talla en esta campaña electoral, se le ha quedado grande. Una campaña no es un juego dialéctico de fuegos artificiales, una campaña de estas características requiere empuje, contundencia, claridad y saber abordar las grandes cuestiones nacionales con un proyecto claro.
Zapatero no habla del Plan Hidrológico Nacional, pasa de puntillas sobre el terrorismo, omite su proyecto autonómico de España y nadie le ha oído hablar de economía. Demasiadas carencias, demasiados agujeros negros para alguien que aspira a llegar a La Moncloa. Y, lo siento, pero nadie rectifica el rumbo de una campaña electoral con una pregunta parlamentaria en la sesión de control. Por el momento, sin matices, Zapatero está perdiendo la iniciativa de la campaña. ¡Esta chupando rueda!

Zapatero chupa rueda
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