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Otro genocida impune

El todavía presidente de Liberia, Charles Taylor, es uno de los criminales en serie más crueles y corruptos de cuantos tiene memoria la historia de África, y hay para dar y tomar en ese capítulo. Ordenó matanzas espantosas durante la larga guerra civil que finalmente terminó conduciéndole al poder, y nada más instalarse mediante “elecciones democráticas” en Monrovia convirtió a su país —el primero independiente en África— en un infierno arruinado donde se ejercieron todo tipo de exacciones, abusos, latrocinios, torturas y asesinatos por razones económicas, tribales, étnicas, religiosas, etc.

No contento con haber contribuido sustancialmente a la destrucción de su tierra, Taylor pasó a Sierra Leona, donde tuvo una participación determinante en la espantosa guerra de exterminio que sufrió aquel país y de la que tardará mucho en recuperarse. Contrabandista de oro y diamantes, vendedor de esclavos, tratante de mujeres y niños, Taylor fue acusado por el Tribunal Internacional sobre Crímenes en Sierra Leona como uno de los principales inspiradores, financiadores y actores de aquella masacre.

Desde hace meses la guerra civil se ha reanudado en Liberia y las tropas o guerrillas contrarias a Taylor han ido avanzando poco a poco en medio de destrucciones, torturas y matanzas, sobre todo de civiles. En eso, poco difieren de las tropas regulares del presidente en ejercicio. Niños soldados, niñas prostitudas, soldadesca ebria o drogada, mercaderes de muerte, mercenarios. La historia de nunca acabar.

El presidente Bush le advirtió a Taylor hace unos días que debía abandonar el poder y retirarse. Y que si se negaba enviaría a los marines para convencerlo. La cosa iba en serio, de forma que Taylor arbitró en medio para salir del país y no responder por los crímenes de los que se le acusa y que no son ni mucho menos cuantos cometió o promovió. Echando mano de la secreta pero eficaz camaradería entre presidentes que funciona en África desde hace muchos años, se acordó del presidente nigeriano, Obasanjo, su amigo de otras épocas, y lo invitó a Monrovia para que le ayudara a salirse de la trampa en la que él mismo se metió antes de que lleguen lo marines y lo entreguen al Tribunal Penal Internacional.

Dicho y hecho. Taylor ya ha anunciado que se va de su país y renuncia a la presidencia pero previamente quiere ver instaladas a las tropas internacionales de pacificación, recoger sus riquezas y enseres, salvaguardar la vida de sus sayones y amigos e instalarse en un lugar donde nadie pueda aprehenderlo o ajustarle las cuentas. Ese lugar será Nigeria, donde su valedor, Obasanjo, le garantiza vida, hacienda e impunidad. En su dorado exilio de Lagos u otro lugar, Taylor disfrutará de su inmensa fortuna construida sobre la sangre, la vida y las propiedades de millones de miserables. Otro caso ejemplar de impunidad en esa África de todas las desgracias.

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