Menú

La noche y el día

El calendario avanza de forma irremediable –¡por el bien de todos!– y estamos ya en puertas de la campaña electoral. Una campaña que todos anuncian va a ser dura y a "cara de perro"; pero que las evidencias hacen que, ya de antemano, las diferencias sean cada vez mayores. Sí ponemos en la balanza las dos ofertas programáticas, habrá que decir que esa comparación es demoledora. El Partido Popular ofrece un programa serio y respaldado por ocho años de Gobierno; mientras que el Partido Socialista ofrece un
¿programa? Que, sin ningún respaldo de gestión, a estas alturas tiene muchos espacios en blanco y muchos capítulos todavía por rellenar. Esa es la gran diferencia. Uno lo conocemos con virtudes y defectos, el otro es inexistente.
 
Además, a este contraste hay que añadir el ejemplo de inestabilidad política que nos ha dejado Rodríguez Zapatero en estos últimos meses. El secretario general del PSOE ha asombrado a propios y a extraños; sin ningún liderazgo, ha permitido que su partido se convierta en una caricatura de lo que fue no hace muchos años. Zapatero, que ahora ha decidido hablar de España como sí tal cosa, piensa que de esa forma puede amortiguar sus muchos errores.
 
Zapatero dice ser la solución para España, y después, es incapaz de que en su partido le obedezca nadie. Añade que con él, España saldrá de la actual situación, y luego, su presencia, aquí y allá, sólo sirve para abrir las crisis de forma traumática. Lo único cierto es que Zapatero se presenta a las Elecciones Generales sin programa, y con una lamentable experiencia de Gobierno en lugares como Cataluña o las Islas Baleares. Y en esas condiciones se convierte en un peligro para la estabilidad.
 
El secretario general de los socialistas es conocedor de su precaria situación electoral. Sabe perfectamente que el 14 de marzo puede ser el final de su mandato en el Partido Socialista. Se la juega en estas tres semanas y, por lo tanto, es capaz de ¡morir, matando!. Zapatero se encuentra en una situación desesperada, con las encuestas en su contra, con medio partido levantado, con la incoherencia de sus pactos catalanes con ERC y con una demostrada incapacidad para mandar. Zapatero es el gran fiasco, frente a un Mariano Rajoy que se ha apuntado a la "lluvia fina" de Aznar.
 
El candidato del PP lleva semanas desgranando su programa electoral, con tranquilidad y al margen de las polémicas electorales. Mariano Rajoy se ha plantado en la recta final de las elecciones muy bien posicionado. Lejos de espectáculos, pero con una sólida imagen de credibilidad. Y eso es mucho. Estamos, sin duda, ante la noche y el día. A cada cual lo suyo.

En España

    0
    comentarios

    Servicios

    • Radarbot
    • Curso
    • Inversión
    • Securitas
    • Buena Vida
    • Reloj Durcal