El inesperado desenlace de las elecciones del 14 de marzo ha precipitado de forma injusta el balance y el análisis de los ocho años de Gobierno Aznar. Parece como si en 48 horas la sociedad española se hubiera olvidado de una brillante gestión de dos legislaturas completas, y eso es una tremenda injusticia. La España que Aznar nos deja nada tiene que ver con la España que se encontró en el año 96 azotada por la corrupción y por el amiguismo del felipismo.
La España de 2004 se encuentra en una inmejorable situación económica, es reconocida en los foros internacionales, la lucha contra el terrorismo ha sido muy eficaz y además la corrupción se ha convertido en una cuestión del pasado muy lejano. Aznar deja el Gobierno, el Partido Popular ha perdido unas elecciones, pero los resultados que deja son muy buenos, demasiado buenos para que nadie pueda lanzarse a destrozar la imagen de un presidente del Gobierno que en ocho años ha devuelto la normalidad política a España. La mejor herencia que podía dejarnos a todos.
Tendrá que pasar un tiempo para que la objetividad devuelva a Aznar lo que se merece: el reconocimiento por su eficaz labor al frente del Gobierno. Los atentados de Madrid han desenfocado injustamente una realidad. Los que durante años han alentado el odio y el rencor hacia el presidente del Gobierno, aquellos que no han sabido digerir la derrota del 96 han utilizado de mala manera los efectos del 11-M para intentar enterrar la gestión de Aznar. Lo han intentado, pero no lo van a conseguir. Aznar es el mejor presidente del Gobierno que ha tenido la democracia española y eso ofrece pocas dudas. Esa realidad muchos no la quieren admitir y como respuesta utilizan la vieja estrategia del ventilador. Una reacción que conocemos -por desgracia- muy bien.
Aznar se va del Gobierno y deja una España en perfectas condiciones. Ciertamente esa realidad humillará a mucho "artistón e intelectual de medio pelo", pero las cosas son como son. Aznar deja un país en perfecto funcionamiento; el mismo que se encontró en semi-ruinas hace ocho años. Con el PP, los mecanismos democráticos han vuelto a funcionar con normalidad. Es verdad que han cometido errores, eso es humano, pero España ha vuelto a respirar con Aznar. Ahora nos toca escuchar a mucho oportunista que intenta sacar partido de la situación, pero es la bilis de la mentira. Aznar se va y lo hace por la puerta grande, aunque algunos intenten cerrarla. Con Aznar, España ha ido muy bien. Aunque a algunos les duela.
