El primer encuentro, en Moncloa, entre José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero, ha servido para volvernos a mostrar una evidencia: el futuro presidente del Gobierno es víctima de sus propias promesas. El presidente Aznar ha sacado todo su instinto político y detrás de ese "bienvenido, presidente" dirigido al líder socialista, le ha pasado la patata caliente del futuro de Irak. Zapatero, que ha utilizado electoralmente ese conflicto y todos sus efectos colaterales al máximo, ahora tendrá que retratarse por escrito. Y de la firma de Zapatero dependerá, ahora, la continuidad de las tropas españolas en Irak desde el 21 de abril, momento previsto para el relevo del contingente español.
La conversación del presidente en funciones con el presumible próximo jefe de Gobierno habrá transcurrido, aproximadamente, en los siguientes términos:
–¿Que quieres hacer con el relevo de las tropas españolas en Irak, el próximo mes de abril?– le espeta el presidente Aznar a Zapatero, entre sonrisa y sonrisa.
El secretario general del PSOE, todavía en ese momento dulce de quién ha ganado cuando no se lo esperaba, le dice:"No presidente, haz lo que veas más conveniente". Pero Aznar ha respondido de forma inmediata:"No, no, José Luis, yo soy presidente en funciones para todo y también para esto. La decisión debe ser tuya. En esas fechas, puedes estar ya investido". "Bueno, pues, dejame que lo piense", le responde Zapatero.
"Piénsatelo, pero quiero una respuesta por escrito", ha concluido el presidente del Gobierno en funciones. "De acuerdo, dame un par de días y tendrás una respuesta oficial por escrito".
"Piénsatelo, pero quiero una respuesta por escrito", ha concluido el presidente del Gobierno en funciones. "De acuerdo, dame un par de días y tendrás una respuesta oficial por escrito".
Una conversación que deja a la vista de todos las hipotecas y las limitaciones con que ha llegado el líder socialista al poder.
Y, ¡ojo¡, que esto acaba de comenzar. A día de hoy, no es muy complicado darse cuenta de que Zapatero esta entrando en el jardín que él mismo se ha encargado de cultivar. Tantos anuncios, tantas promesas, tantos compromisos cacareados a los cuatro vientos que parecían se iban a olvidar. Pero en este caso, el viento no se ha llevado sus palabras. Esas promesas suenan y resuenan en el aire, y además ahora deberá de ponerlo por escrito. Esto no es ya un mitin, esto es una decisión de Gobierno. Son palabras mayores, y ahora hay que afrontar y resposanbilizarse de todo lo dicho y prometido.
Desde ahora, Zapatero deberá de tener mucho más cuidado de lo que dice, para que la corriente no se lo lleve por delante. Zapatero tiene muchas patatas calientes, y la primera ya ha llegado. Antes incluso de ser investido presidente del Gobierno.
