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Lengua y política

Enrique Benavent (Valencia) comenta “la carta de Mariano Rajoy ofreciendo diálogo para alcanzar un amplio acuerdo en materia de educación”. Esa carta “la toma el Gobierno como una excusa para desviar la atención sobre el desastre educativo que padecemos y, al tiempo, desacreditar al líder de la oposición”. En su carta decía Rajoy “lo saben también como yo”. Le faltó tiempo al secretario de Estado para la Comunicación, el ex sindicalista Fernández Moraleda, para comentar que “tan bien se escribe separado”. El diario El País se regocijaba al comentar que el líder de la oposición comete “un error de ortografía al confundir también con tan bien”. Pero don Enrique razona que las dos expresiones son correctas y que la frase de Rajoy está bien dicha, no es un error sintáctico, y desde luego no lo es ortográfico. Cita don Enrique una frase de don Quijote (II: 7): “Hablo de esta manera, Sancho, por daros a entender que también como vos sé yo arrojar refranes como llovidos”. Comentario final del valenciano: “Está visto que, por muchos centenarios que se celebren, nuestra cultísima progresía no lee a Cervantes. Ni falta, ellos ya tienen a Janlí Cebrián”.
 
Amable Sarto (Zaragoza) considera exagerada la afirmación de que “España ha sido el único país donde retrocedió el Islam”. Doña Amable aduce otros casos: Portugal, Sicilia, las Baleares, Chipre. Se podrían añadir otros: Rusia, la India. Aceptada la corrección. Pero lo significativo históricamente es que solo en España (la antigua Hispania) la cultura musulmana tuvo un verdadero foco cultural y político que irradió a otras tierras. Es decir, la pérdida de Al Andalus significa emotivamente mucho más para los actuales musulmanes irredentistas que la de otros territorios. Es más, históricamente España se hizo a sí misma en la oposición secular contra los musulmanes. De forma simbólica, el verdadero “choque de civilizaciones” (cristianos y musulmanes, Occidente e Islam) se produce en España. Puede que otro lugar para ese choque sea el de los Balcanes, pero no parece que constituye una esperanza de resolución del conflicto. Lo más parecido a la confusión balcánica es la “alianza de las civilizaciones” promovida por nuestro iluminado Zapatero. Menos mal que todavía es una especie de broma. Pero ya tiene presupuesto para reunir a mesa y mantel a no sé cuántos ociosos dirigentes políticos. Conclusión de esas tenidas: la foto.
 
José Luis Germán es el inventor de la feliz expresión “desarrollo perdurable” en lugar del horrible “desarrollo sostenible”. Escribe para reforzar su tesis: “Si todavía se usara la palabra sostén, muchos se percatarían de que el desarrollo no se sostiene, sino que perdura”. Añado, que perdura o puede perdurar; eso es lo deseable.
 
En lugar del horrísono “desarrollo sostenible”, tan políticamente correcto, Manuel Herrera Jerez propone “desarrollo continuable”, esto es, “el que puede continuar con el mismo modelo sin temor a agotamientos o acumulación de subproductos nocivos”. Está bien visto porque, al igual que lo de “perdurable”, lo fundamental es que se asegure el desarrollo para las siguientes generaciones. Desgraciadamente, se seguirá diciendo “sostenible”. Menos mal que los sostenes son ahora sujetadores. He ahí un progreso en la evolución de la especie. Lo que antes se sostenía ahora se sujeta. Tampoco es lo mismo ir sin sostén que quitarse el sujetador.
 
José Carlos Navarro comenta la pretensión de Zapatero de cambiar la Constitución para sustituir la palabra “disminuidos” por “discapacitados”. Protesta don José Carlos por esa última estulticia (eso lo digo yo) del presidente. Razona así el libertario: “La disminución física o psíquica de la persona es objetivamente evaluable de cara a su protección”. Estoy de acuerdo. El término “disminuidos” es más preciso y no es infamante. Casi todos somos más o menos disminuidos (llevamos gafas, marcapasos, prótesis dentales, estamos tenientes del oído, etc.). En cambio, la incapacidad parece más radical. De todas formas, incapacitados o disminuidos es tanto como porfiar si son galgos o podencos. El presidente iluminado es capaz de convocar un referéndum para que alteremos la Constitución por ese nimio asunto. Como si no tuviéramos conflictos verdaderamente sustantivos.

En Sociedad

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