Este miércoles han comenzado de nuevo las sesiones de control al Gobierno después del parón de enero y hemos vuelto donde solíamos. Un presidente incapaz de explicar los motivos que le llevan a mantener sus políticas y un Gobierno que ofrece una imagen lastimosa por su sistemática desorientación. Desde luego había muchas cuestiones por las que preguntar a este Ejecutivo que sale de una y entra en la siguiente, pero llega un momento en que el problema no son las preguntas; el verdadero problema son las respuestas.
Zapatero no sabe, no responde. Al presidente, en los controles de los miércoles, se le pregunta por la lucha contra el terrorismo, la reforma del Estatuto de Cataluña o la bananera política exterior y da exactamente igual. El responde con sus historias, con sus novelas y con sus cursilerías. ¿Irresponsabilidad, nulidad, intencionalidad? Es lo mismo. Zapatero es la viva imagen de un presidente del Gobierno que se encuentra en la recta final de una tortuosa legislatura. No le responden las piernas, no acierta a exponer algún argumento, no entiende que se encuentra en una carrera en la que únicamente mandan los electores en cada cita con las urnas.
La sesión de control al Gobierno se ha convertido para Zapatero en una sesión de tortura calamitosa. Por un lado, Mariano Rajoy le vapulea dialécticamente semana tras semana. Pero es que el presidente no hace nada por responder al líder de la oposición, no presenta ninguna resistencia. Se deja llevar por la nada, por la insustancialidad y por las obviedades. Zapatero sale siempre bien servido por Rajoy de la cita de los miércoles. Pero es que además de la brillantez dialéctica del presidente del PP, nos encontramos con un jefe de Gobierno que no ofrece ninguna batalla, que acepta que va a perder el partido antes de jugarlo.
Si esto sucede con el jefe, ya se pueden figurar lo que pasa con el resto del Gobierno. De la Vega, Moratinos, Calvo o Bono se han convertido en una caricatura de un Ejecutivo derrumbado, desgastado y quemado por su mala gestión, por su pésima reacción y por su dudosa capacidad de trabajo. Cada semana en el Parlamento se escenifica la verdadera capacidad de este Gobierno noqueado por sus propias limitaciones y por sus muchos errores.