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Pablo Molina

Todos somos Errejón

A Errejón lo persiguen, dicen los suyos, porque la casta tiene miedo de perder el poder; no porque haya estado trincando del erario.

A Errejón lo persiguen, dicen los suyos, porque la casta tiene miedo de perder el poder; no porque haya estado trincando del erario.

Una corriente de solidaridad sin precedentes arropa al secretario de Política de Pablemos, a cuenta de la persecución a la que está siendo sometido por la Universidad de Málaga, en manos de los socialistas, como todo lo que propicia algún trinque en Andalucía. No sólo el ayatolá de Podemos le ha mostrado públicamente su apoyo sino que, lo que es más importante, también las bases del partido se han unido a la causa, sobre todo en las redes sociales, en una muestra de adhesión inquebrantable de las que ponen la piel de gallina.

A Errejón lo persiguen, dicen los suyos, porque la casta tiene miedo de perder el poder; no porque haya estado trincando casi dos mil euros mensuales de manera dudosa, compatibilizando irregularmente su labor de investigación sobre el lacerante problema social de la mercantilización de la vivienda con la tarea de regenerar la democracia de este-país-de-países, a la que vive entregado. Si no ha cumplido con el horario laboral establecido en el contrato que le ofreció en su día el director del proyecto, un amiguete de Podemos, es algo que carece de interés. En última instancia, como Errejón y Pablemos no se cansan de repetir, todo es cuestión de haber presentado o no "un papelito", que ya ves qué tontería. Un "papelito" que autorizara al dirigente podemita a dedicarse a la política y seguir trincando la pasta, se entiende, pero como los grandes líderes del género humano no prestan atención a la cosa burocrática, al final la jauría mediática, azuzada por la casta (faltaría más), ha hecho presa en este muchacho encantador, que es que lo ves y te dan ganas de abrazarlo.

Pero Errejón no va a dimitir. No tiene por qué, en realidad, pues, como es bien sabido, la calificación moral de una acción para alguien de izquierdas sólo depende de quién es el que la realiza. Además, en un contexto generalizado de corrupción, los doce mil euros trincados por Errejón es una cuestión menor que la epidermis de estos superdemócratas puede perfectamente soportar. Para el votante medio de Pablemos, los desmanes de Blesa sirven para justificar los trinques de Errejón, pero la casta son siempre los otros. No hay más que dar un paseo por la orilla izquierda de las redes sociales para comprobar que dentro del rebaño hay unanimidad. Deberían cambiar el lema de su reciente campaña de blindaje ante las críticas por este otro, más ajustado a la actualidad errejoniana de la cosa podemita: #nuestrostrinkesvuestrasonrisa; por no recurrir al clásico "Errejón somos todos". Lo que sea con tal de preservar los trinques del líder y seguir despotricando de la casta como hasta ahora.

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