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Luis Herrero

Operación Ogro

El CIS de Tezanos utiliza la crispación e ignora a VOX para convertir a Casado en un agitador extremista que amenaza con sumir a España en el caos.

El CIS de Tezanos utiliza la crispación e ignora a VOX para convertir a Casado en un agitador extremista que amenaza con sumir a España en el caos.
De izqda. a dcha., Margarita Robles, Cristina Narbona, Pedro Sánchez, Manuel Escudero y José Félix Tezanos. | EFE.

La grosera colonización política del CIS tiene alguna ventaja aprovechable. Ya no es un espejo fiable de los deseos de la sociedad, de acuerdo, pero al menos refleja los del Gobierno. Sus encuestas son la pócima que el druida Tezanos le da a beber a la sociedad para provocar en ella la alucinación del mundo que al Gobierno le conviene. "Así es si así os parece". Hagamos creer que las cosas son como nos gustaría que fueran y acabarán siéndolo. O, cuando menos, obligaremos a la gente a actuar como si lo fueran. Tal parece ser el móvil del destripador de ocas que ha colocado Sánchez al frente del observatorio demoscópico mejor financiado —lo pagamos entre todos— de nuestro país.

Si somos conscientes de esa perversión —y Tezanos ha sido tan poco sutil que es muy difícil no serlo—, a partir de ahora tendremos la oportunidad de actualizar una vez al mes la visión del mundo que Sánchez quiere imponernos. Hoy por hoy, su descripción es esta: aunque sigue fragmentado en dos grandes bloques, el de la izquierda crece y el de la derecha disminuye. En el primero se fortalece el liderazgo del PSOE y en el segundo se debilita el del PP. En el bueno se premia la apuesta por el diálogo y en el malo se castiga el discurso de la crispación. Los ciudadanos ya no distinguen entre lo nuevo y lo viejo, como ocurría cuando entraron en escena los partidos emergentes, sino entre lo pacífico y lo beligerante. Esa es la mentira maniquea que el CIS quiere convertir en verdad a base de repetirla.

El hecho de que que en la última encuesta se pregunte sobre la crispación —algo que no había ocurrido en las anteriores— ya da una pista bastante clara de lo que se pretende. Los resultados son elocuentes: nueve de cada diez españoles creen que hay mucha o bastante crispación. El porcentaje de ciudadanos que culpan a Casado de ese hecho duplica al de Sánchez. El PP contribuye a esa situación casi tanto como los partidos independentistas (sólo medio porcentual menos), mientras que PSOE y Ciudadanos, cada uno en su bloque, son quienes contribuyen menos. Sin embargo, el socio del primero —Podemos— se mueve en sus mismos porcentajes de culpa, en torno al 7 por ciento, y el socio del segundo —PP— llega casi al 28. Es decir, que lo multiplica por cuatro.

De lo que se trata, como bien se ve, es de señalar a Casado como al gran artífice de la tensión que comienza a apoderarse de la vida pública. Sus ladridos de dóberman, su exigencia de mano dura para acabar con los excesos independentistas, su regresión a las posiciones doctrinarias de Aznar, le convierten en un agitador extremista que no solo amenaza con sumir a España en el caos, sino también con llevar a su partido a la cuarta posición del ranking electoral. Para darle más eficacia a su propósito de convertirlo en el ogro del escenario, el CIS hace una cosa más: ignora el ascenso de VOX y lo deja fuera del arco parlamentario. Al principio no entendí el porqué de esa extravagancia. Aparte de que es absurdo negar el hecho indiscutible que el partido de Santiago Abascal ha conseguido salir del limbo de la irrelevancia —el acto de Vistalegre habla por sí mismo—, la exaltación de un rival que le quita votos al PP, al menos en teoría, sirve mejor a los intereses socialistas que su ninguneo. Lo hizo Rajoy con Iglesias para perjudicar a Sánchez y la jugada, en el corto plazo, le funcionó.

Sin embargo, después de darle varias vueltas al asunto, me he dado cuenta de que VOX le es más útil al Gobierno en la oscuridad que en la luz. Mientras el PP siga siendo la referencia política más escorada a la derecha del Congreso de los Diputados, su denigración como apóstol de la crispación será más fácil. El debut parlamentario de un partido de corte radical contribuiría a centrar la ubicación ideológica de Casado, y Tezanos quiere para él, en exclusiva, el papel de líder de la derecha extrema. Fiel al principio de que en un país moderado "o conquistas el centro o no gobiernas", cree que adjudicándole ese rol arruinará para siempre su expectativa de voto.

Estoy seguro de que Arriola le hubiera dado la razón. Por eso llevó al PP a remolonear en torno a la neutralidad moral de ese vago centrismo vacío de convicciones que exigen las mayorías de gobierno. Rajoy no se dio cuenta de que, al aceptar el consejo de su arúspice, condenaba a sus electores a la decepcionante desilusión de sentirse desprotegidos. La anomia ética no es mejor ni más rentable que la defensa de los principios. Si es esa la crispación que Casado trae debajo del brazo, bienvenida sea. Ya era hora.

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