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Marruecos, Argelia y la selectibidaz

Perdemos cultura, legado, argumentos de defensa. ¿Saben los adolescentes de hoy defender la españolidad de Ceuta y Melilla?

Perdemos cultura, legado, argumentos de defensa. ¿Saben los adolescentes de hoy defender la españolidad de Ceuta y Melilla?
Pedro Sánchez en una visita a Argelia en 2020 | Europa Press

En muy poco tiempo pueden presentarse, juntas y sin avisar, las adversidades más variopintas contra Pedro Sánchez. Andalucía pinta fatal, de fracaso histórico. Pero más al sur, la cosa se pone todavía peor. No para él sino para todos. Marruecos y Argelia, que se odian, han puesto la mirada en España gracias a la incompetencia, y quién sabe si algo peor, de nuestro presidente.

El entorno de la extrema izquierda que sostiene a Sánchez no va a favorecer a Marruecos, pues la mal llamada "causa saharaui" anida en ella desde Batasuna hasta el PSOE, pero no por defender el proceso descolonizador español como hubiera sido justo —somos una excepción mundial de descolonización incompleta— sino porque la izquierda radical oye "referéndum" y "autodeterminación" y se pone a dar saltos como si en España hubiera hoy colonias que merecieran independencia.

Argelia, casero del Frente Polisario en Tinduf, y enemigo de Marruecos, sí ha sido tradicionalmente más del gusto de la izquierda por su indudable pedigrí soviético, pero tampoco ha hecho mucho alarde de injerencia en la política española. Si las cosas se hubieran dado más o menos bien, Argelia podría haber reclamado a su amigo saharaui algún pago en la costa atlántica y en los bancos pesqueros del litoral del Sáhara Occidental... que tendría que compartir con España, claro.

Pero ni España quiso descolonizar en su momento porque tenía por delante el reto de conquistar una democracia tras cuarenta años de dictadura, ni quiso hacerlo después, con la democracia asentada, por no molestar más de la cuenta. Tampoco el resto de la comunidad internacional, sobre todo la Minurso (Misión de Naciones Unidas para el Sáhara Occidental), estuvo casi nunca a la altura más que de las subvenciones y las vacaciones solidarias. Nadie, salvo Marruecos, se tomó en serio el asunto. Pero todos marearon la perdiz del referéndum de autodeterminación —aquí sí había una colonia y una metrópoli— sobre la base de un censo de chirigota manipulado por nuestro vecino, el de la Marcha Verde, y sus tribus.

Sin embargo, el dificilísimo equilibrio necesario para mantener buenas relaciones con Marruecos y Argelia es lo que caracterizaba a España en una de las asignaturas más difíciles de nuestra política exterior. El terrorismo, la inmigración ilegal, el tráfico de drogas o el suministro de gas han sido y serán materias sensibles para la buena vecindad que Marruecos, y ahora Argelia, pueden controlar a su antojo contra España tras un patinazo histórico como el de Pedro Sánchez, que además tiene un extrañísimo componente personal: no fue acordado ni consultado con la oposición, se ocultó al Consejo de ministros, se descubrió por una carta… en medio del escándalo de los espionajes telefónicos de Pegasus. Obligarnos a hablar de lo que pueda contener el terminal telefónico de un presidente del Gobierno por si fuera objeto de chantaje tendría que ir seguido de una inmediata y contundente investigación interna y externa. Enemigos no le faltan, incluidos los purgados de sus propias filas.

Ceuta y Melilla, Canarias…

Mohamed VI siempre ha tensado la cuerda cuando ha detectado debilidades. El expresidente José María Aznar nunca ha ocultado que con Marruecos hay que estar preparado para un pulso en el momento que, por las cuestiones que sea, más débil esté España. Presume Aznar de que ganó el pulso de Perejil y es posible que así fuera en el momento preciso del desafío. Sin embargo, quedan muchas lagunas, protegidas como cotos, sobre el peor atentado que sufrimos, el 11-M, que además supuso un cambio de Gobierno contra pronóstico y, por cierto, el punto de arranque de todos nuestros males, traídos por Zapatero y no corregidos por la derecha institucional de Rajoy.

Está fuera de toda duda que con Sánchez, después del Sahara, los siguientes desafíos serán Ceuta y Melilla. ¿Por qué no? Con su debilidad y con la predisposición de los socios que le encofran, es el momento idóneo. Pese a que las ciudades autónomas nunca han tenido que ver con Marruecos, pues existían antes que el propio reino alauí, la izquierda tiende a la pueril simplificación de que al estar localizadas en el norte de África cabe la posibilidad de "devolverlas", como si alguna vez hubieran sido marroquíes... o de quien sea. Como diría Echenique, "con cuatro cervezas más" y otras tantas jotas de mingasdomingas, meten en el mismo paquete al Sáhara Occidental y hasta las Islas Canarias y así ya nos deshacemos del fascismo colonial.

Argelia nos prometió suministro de gas tras el cierre del gasoducto Magreb-Europa, fruto de su ruptura de relaciones diplomáticas con Marruecos, entre otras cosas por la cuestión del Sáhara. Eso sí, advirtió seriamente de que nos cortaría el grifo si se nos ocurría compartir algo con su enemigo. Y el gran estratega Sánchez no les dio gas. Les dio el Sáhara. Ahora Argelia nos quitará el gas y Marruecos enfilará sus caprichos hacia Ceuta, Melilla y las Canarias. ¿Europa? Sin levantarse del sofá, dirá que se enfada.

Aprovar la selectibidaz

El experimento español dará sus frutos. El mundo entero verá qué le sucede a un país que renuncia a su historia, a su pasado, al esfuerzo, a la cultura y a la memoria, la de memorizar. Somos el laboratorio de la gaseosa y sí, claro que la nueva Ley de Educación está relacionado con lo anterior, con la crisis abierta por Sánchez en Marruecos y Argelia. Es todo perder y perder.

Porque la España social-comunista de Sánchez es la que prefiere desenterrar a un dictador antes que desenmascarar, por ser su socio, a un partido que procede del terrorismo y que no reniega de él.

Porque esa España prefiere hablar —y que se estudie así— de genocidio español en América en vez de contar todas las verdades juntas sobre cómo eran y qué (se) hacían algunos pueblos precolombinos, en vez de enorgullecerse de lo que supone, pese a los paletos, el idioma español en el mundo. Porque, en realidad, hay un gobierno que detesta ese idioma de cientos de millones de personas —y a quienes lo quieren usar— y prefiere confinarlo —y a los que reclaman usarlo— en lugares como Cataluña.

Porque la España de un gobierno formado por socialistas y comunistas y sostenido por ERC y Bildu para flotar prefiere renunciar a su historia para que nadie sepa defender, entre otras muchas cuestiones, si Ceuta y Melilla y hasta las Canarias son territorio ajeno o propio.

Perdemos cultura, legado, argumentos de defensa. ¿Saben los adolescentes de hoy defender la españolidad de Ceuta y Melilla? ¿Saben que el Sahara fue una provincia española, la 53 cuando se consideraba provincias a Ceuta y Melilla, hoy (todavía) ciudades autónomas y que hasta los coches tenían matrícula propia, la SH?

Nada sabrán. Porque nada quieren que se sepa. Nuestra historia será más breve que la de los Estados Unidos y ni siquiera tendrán que saberse las provincias, tantas como estados americanos.

Serán inclusivos en el lenguaje sin saber —o sin poder— hablar español, serán digitales, sostenibles y resilientes. Y manejables. Y les quitarán lo que es suyo delante de sus narices porque no sabrán cómo reclamarlo. No ya Ceuta o Melilla… Todo.

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