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Sánchez, enterrador de La Pesoe

La segunda legislatura tras el socialismo ha otorgado victorias contundentes al PP, y no parece que los resultados en Andalucía vayan a revertir la tendencia.

La segunda legislatura tras el socialismo ha otorgado victorias contundentes al PP, y no parece que los resultados en Andalucía vayan a revertir la tendencia.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ante un cartel de su candidato Espadas. | EFE

La imagen de Juan Espadas rodeado por los presidentes autonómicos de su partido en un mitin celebrado en Córdoba este fin de semana refleja bien el estado de ánimo del socialismo a menos de una semana de las elecciones a la Junta de Andalucía: todos hemos estado alguna vez en velatorios mucho más animados.

Sánchez ha llamado a todos sus leales a emplearse a fondo en Andalucía ante el terrible batacazo que le vaticinan todas las encuestas, pero no parece que sea la mejor fórmula para revertir la caída en picado que está viviendo su partido en la tierra de María Santísima. De hecho, puede que la presencia obsesiva de Sánchez, sus ministros y presidentes autonómicos esté siendo contraproducente para sus intereses (los únicos que le importan), porque la toxicidad del Gobierno socialpodemita es de tal intensidad que la mera presencia de sus representantes en los mítines provoca un rechazo instintivo, muy próximo a la náusea, incluso entre sus votantes tradicionales.

Es cierto que los socialistas tienen un suelo electoral formidable en Andalucía, consecuencia del abundante reparto de sueldos públicos entre los afines del partido hasta en el último rincón de la serranía. Cualquiera que conozca cómo se ha gestionado la Junta de Andalucía entre 1982 y 2018 no puede sorprenderse de que las señoras respondan por la calle que van a seguir votando al PSOE a pesar la corrupción. Es que tienen colocados a los hijos, las nueras y los yernos en la Administración Paralela de la Junta, ganando un buen sueldo, y no van a votar ahora a un partido que puede cerrarles el chiringuito. Cualquiera de nosotros actuaría igual.

Pero esa base de votos comprados al peso ya no es suficiente para ganar las elecciones y mantener el poder. Esta primera legislatura de Moreno Bonilla, como todas las del PP tras largos mandatos del PSOE, ha servido para convencer a los votantes socialistas de que los males anunciados por los suyos si ganaba la derechona eran solo una mentira más para seguir instalados en el sillón y el coche oficial. En todos los casos, la segunda legislatura tras el socialismo ha otorgado victorias contundentes al PP, y no parece que los resultados de este próximo domingo en Andalucía vayan a revertir la tendencia.

Felizmente para el votante de derechas, Vox estará en el próximo Gobierno de la Junta, lo que esterilizará cualquier tentación de seguir validando los estropicios morales e ideológicos de la izquierda como hace el PP cuando arrasa al PSOE, al que sustituye con la convicción sincera de que su misión principal es guardar su legado. Si quieren seguir traicionando a sus votantes, lo tienen fácil: repetición de elecciones o acuerdo con el PSOE para una gran coalición.

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