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Agapito Maestre

Las monarquías

El Imperio Británico marcó el fin del humanismo y el triunfo de la llegada de la Agenda 2030, o sea todo por la "pasta".

El Imperio Británico marcó el fin del humanismo y el triunfo de la llegada de la Agenda 2030, o sea todo por la "pasta".
Los reyes de España junto con Isabel II. | Gtres

Letizia se escribe con Z. Este detalle quizá sea, hoy, la diferencia clave entre la monarquía española y el resto de casas reales europeas, incluyo aquí la corona de los hijos de la Gran Bretaña. La reina consorte de España marca con su Z un signo de distinción. La señora Leti, la nieta de mi amigo Paco, siempre será la reina Letizia. No hay vuelta atrás. Es imposible borrar la Z de de su nombre. Los gestos pasan y lo nombres permanecen. Exigirle a un melifluo diplomático saludar como un hombre no es nada comparado con la inamovible Z de su nombre. Pues eso, si hoy la diferencia entre las monarquías del planeta es cuestión de una letra —solicito el perdón de mis lectores por la ironía—, en el pasado fue de proyectos civilizadores y culturales. La española, que fue la monarquía más fuerte del mundo, integró durante tres siglos civilización y cultura. Pero fue vencida por un designio mercantil de carácter universal.

España fue un imperio, sí, no propiamente una "nación", que integró el continente americano y parte de Asia en la civilización occidental. España se desangró en América, según decía el mexicano Alfonso Reyes. Pero mereció la pena. Lo hizo tan bien que todavía en la actualidad se utilizan sus instituciones culturales y materiales. Hasta las fronteras y los límites de los Estados de los EEUU fueron diseñados en el pasado por la monarquía hispánica. Pero dar más ejemplos sería ofender la inteligencia del lector. Por el contrario, la monarquía británica está basada en una técnica de organización del mundo sin importarle la integración humana y social de su proyecto mercantil. El Imperio Británico marcó el fin del humanismo y el triunfo de la llegada de la Agenda 2030, o sea todo por la "pasta", incluso Sánchez le dona a un ricachón llamado Bill Gates cientos de millones robados a los españoles para que lo coloque en el futuro. El espíritu depredador del imperialismo británico corroe el alma del mundo.

Allí donde Inglaterra llegó y colonizó siempre utilizó a los seres humanos como medios al servicio de sus propios fines. Claro es que Inglaterra utilizó con holgura su propia cultura para apoyar a su imperio, pero siempre lo hizo para respaldar sus intereses económicos y nada más. Una actitud de máxima indiferencia frente a los problemas, deseos y frustraciones de las poblaciones implicadas fue la seña de identidad del imperio británico. Lo de Inglaterra fue y es un "imperio", una "civilización", depredadora. Basada en el cálculo. El criterio de lo mensurable, es decir, del comerciante es la única y fría racionalidad de esa monarquía imperial. El resultado es una máxima holgura de movimientos para el robo y el crimen de guante blanco, en contraste con la integridad, otros dirían tozudez española, trabada en el compromiso y empeño de una "colonización" más espiritual que material. Ese empeño es de la misma naturaleza que la convicción de Letizia por escribir su nombre con Z a la par que le exige al embajador que la salude como un hombre. Ser, sí, más que representar, es el signo de una grandiosa civilización que aún conserva el nombre: hispanidad. La Monarquía es hispánica o no es.

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