
Moreno Bonilla persiste en eliminar lo más importante que tiene el ser humano: el tiempo. Lo mata a conciencia. Abre el camino para llevar a su partido hacia el precipicio. ¡Pobre, hombre!, dirán unos; mientras otros, vinculados al sector negocio de su partido, alentarán su suicida acción. Está convirtiendo un éxito en una derrota. Lo fácil que hubiera sido declarar la noche del triunfo: mañana me pongo al habla con Vox y conformamos un gobierno para Andalucía, que será, naturalmente, la punta de lanza para acabar con la tiranía sanchista. Pero no lo hizo, aún no lo ha hecho, y se consumó el vaticinio que hice aquí el lunes pasado: el PP tiene en sus manos gran parte de los resortes para terminar con Sánchez, pero se conforma con criticar a Vox.
Moreno Bonilla, haga lo que haga ya, ha perdido la Iniciativa política. Ha matado el tiempo. No es lo peor que puedo decir de este sujeto, porque lo más grave aún está por venir; puede, en efecto, hacerle perder a Feijóo, el candidato nacional del PP, las pocas propuestas que ha puesto sobre la mesa para terminar con este régimen despótico. No crean que exagero. Moreno Bonilla está mostrando las costuras del PP en Andalucía. Habían estado oculta, durante estos cuatro años. Tuvo gran habilidad para que pasarán desapercibidas, pero ahora pudieran asomar por todas partes. Es el peligro de los líderes que se revisten con la máscara de un alma bella; aunque bien vista la cosa, fue un alma bella, alguien que se parecía a una conciencia moral, según Hegel, que aspira a la pureza interior, pero que termina paralizada por su rechazo a actuar en el mundo.
Es lo que Moreno Bonilla ha hecho en los cuatros años en el poder: apenas ha tocado las perversidades que dejaron los gobiernos socialistas. Quizá me equivoque y Moreno Bonilla cambie mañana o pasado mañana de actitud y se ponga a gobernar sin la careta hegeliana. Quizá cambie sus pobres "criterios" ideológicos para gobernar Andalucía por otros más genuinamente políticos. Quizá se avenga más pronto que tarde a pactar con Vox lo que ya han hecho otros líderes del PP en Extremadura, Aragón, Castilla y León, etcétera. Pero, mientras tanto, no se fíen de quien le ha negado la palabra a Vox durante cuatro años. He oído este dato de los labios de Manuel Gavira, líder de Vox en Andalucía, quien dijo, en El Toro Televisión, que en la última legislatura andaluza jamás había hablado con Moreno Bonilla. Ni siquiera tiene el candidato de Vox el número de teléfono del presidente de la Junta de Andalucía. ¡Se imaginan a un padre que habla con todos, pero le niega la palabra a su hijo legítimo! Terrible.
Esa anécdota retrata bien a un "alma bella", es decir, a Moreno Bonilla. Sonrisas hipócritas para los ciudadanos y daga o puñal para quienes lo cuestionen o quieran colaborar con él sin ser de un sector de su partido. Este tipo es un sectario de sectario. Este hombre presume de haber hablado con todos, incluso ha regado con mucho dinero al grupo político Adelante Andalucía que, dicho sea de paso, le ha arrebatado la mayoría absoluta, pero desprecia todas las propuestas de Vox. El caso de este profesional de la política tiene nombre y no es, precisamente, agradable de oír. Creo que roza la estulticia… Todos los grupos políticos, surgidos de las elecciones del domingo pasado, se han negado a votarle la investidura, excepto Vox que está dispuesto ayudarle; pero Moreno Bonilla no sólo desprecia a los de Abascal, sino que también los hace culpables de una posible repetición de elecciones. El colmo. Este hombre parece haber perdido la cabeza buscando un PSOE, bueno y benéfico, con el que pactar.
Moreno Bonilla ha matado, sí, el tiempo de la Política con mayúscula. Nunca lo recuperará. Es tiempo muerto. Y, ademas, corre el riesgo de perder el tren de la historia de Andalucía. Este individuo ha puesto otra vez en evidencia que la historia es siempre huérfana del tiempo. Los futuros historiadores de España nunca podrán escribir sobre el tiempo emancipatorio que este hombre ha eliminado. Ojalá el trastorno de este individuo sea transitorio, aunque ahora nos parezca que ha perdido por completo la cabeza. No se ha enterado de lo que ha pasado en Andalucía. Sigue tratando al partido de Vox como si no existiera. Eso es lo que ha hecho en los últimos años de legislatura. Y ahora no quiere pagar el coste de su desprecio. ¿Quién pagará sus cuentas? Los de siempre: los ciudadanos españoles, huérfanos de políticos solventes.
