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Daniel Blanco

Xavi y sus excusas

No parece de recibo que, tras el partido en el Bernabéu, el técnico buscara como un poseso un micrófono para decir que no merecieron perder.

No parece de recibo que, tras el partido en el Bernabéu, el técnico buscara como un poseso un micrófono para decir que no merecieron perder.

Anda Xavi solo, sin encontrar consuelo y esperando encontrar respuesta a esta última semana de pesadilla. Acabó el partido ante el Real Madrid esforzándose por no parecer decaído pero encontrando, de nuevo, un hueco para su ansiada excusa. La esperada respuesta del técnico, ya habitual. "No hemos merecido perder".

No parece de recibo que tras el partido en el Bernabéu Xavi Hernández buscara como un poseso un micrófono para decir esto. Si bien es cierto que si cogemos el partido y lo analizamos en profundidad cabe una posibilidad de reconocer que el Barcelona mejoró algo en la segunda parte y tuvo la posesión del balón. Pero eso no te da nada en el fútbol si no eres preciso, si no eres contundente. Y el Barcelona no fue ninguna de las dos cosas.

Escribe Sergio Valentín en estas mismas líneas que el Barcelona necesita ser mejor, tener más la pelota, necesita dominar el partido pero es cierto que no vale de nada a no ser que para lo único que valga es para que su entrenador tenga este discurso. Me acerco mucho a esta tesis porque si no, no se concibe tanta excusa, tanta reafirmación por un modelo que, además, no parece estar bien ensamblado en el legado de Xavi en el Barcelona.

Porque el técnico no juega ordenado, no juega a dominar con la contundencia que te hace ganar los partidos. Juega a ver qué pasa en ataque, descuidando la defensa, dejando aislado a Busquets y no sabiendo leer los partidos. Pareciera que, por haber compartido vestuario tantas veces con ellos, al de Terrasa se le haga duro olvidar definitivamente a las vacas sagradas. Y eso, seguramente, daría un nuevo vuelco al equipo. Al menos, un nuevo orden.

Hay veces que tienes que cortar por lo sano, sin ataduras nostálgicas. Xavi las tiene. Se está empezando a olvidar de Piqué porque el central ya no es el de antaño. A Jordi Alba le da cada vez menos protagonismo porque el lateral es ya mucho más en ataque que en defensa. A Sergi Roberto le regala titularidades que no encuentran explicación lógica a ojos de todos los aficionados. Y luego está Busquets que, con algo de pena porque lo ha sido todo, empieza a demostrar que los partidos se le hacen largos. Eternos si son de ida y vuelta. Debe ser duro para Xavi decirles a estos cuatro que ya no valen, que ya se acabó.

Parece que el equipo con mejor pinta de los últimos tiempos es descompensado. Han hecho falta nueve jornadas de Liga y cuatro de Champions para darte cuenta del golpe de realidad. Se fichó en defensa y en ataque pero no en el medio o, al menos, no para sacrificar a jugadores que ya se alejan de le élite. En esta obsesión por sobrevivir en el presente olvidando el futuro se dieron bandazos que pueden costar caros. Deportivamente, a mediados de octubre, el equipo tiene difícil defensa.

Y es Xavi uno de los responsables. Nunca tuvo dotes de comunicación. Siempre difuso en las ruedas de prensa y acudiendo a explicaciones paranormales para analizar un partido. Ya era así de jugador y como entrenador esta faceta se ha agrandado. Xavi tiene sitio para un sólo fútbol, para el suyo, aunque eso también es trampa porque jugó a medias verdades la temporada pasada. Predicando algo sin practicarlo. Aplicando un concepto que nunca defendería en público pero que le dio algún resultado.

Es Xavi el amigo fanfarrón que todos hemos tenido siendo más jóvenes. Ese tipo que explicaba una noche de fiesta como la mayor velada que vivimos cuando, en realidad, había sido insulsa, no había pasado nada. Ese es Xavi Hernández, alguien que siempre encuentra algo a lo que aferrarse, un técnico a medio hacer y que, seguramente, se ganará la vida con el fútbol desde el banquillo. Lo que sucede es que, quizá, nos vendieron humo antes que realidad.

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