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La próxima semana hablaremos del Gobierno

Esas largas sesiones de publicidad del Ejecutivo resulta que no le placen, porque los periodistas no preguntan lo que deberían preguntar.

Esas largas sesiones de publicidad del Ejecutivo resulta que no le placen, porque los periodistas no preguntan lo que deberían preguntar.
La portavoz del Gobierno y ministra de Política Territorial, Isabel Rodríguez durante la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros. | EFE

La ministra portavoz ha tenido una idea. Consistiría en introducir, en los medios de comunicación, un espacio dedicado a informar sobre la infatigable labor del Gobierno con perfecta veracidad y un enfoque "no sesgado previamente". Esos minutos de publicidad sobre lo que hace el Ejecutivo para mejorar la vida de los ciudadanos le parece a la ministra que serían, por naturaleza, tan veraces y carentes de sesgo que puso como ejemplo los espacios de información del tiempo. Se ve, dicho sea de paso, que la ministra Rodríguez no se deja caer por esos espacios, en especial los de la tele pública. Ya no son aquellos serios y aburridos partes metereológicos de antes. Ahora se utilizan para alarmar, comentar lo extraño del tiempo que hace o predicar sobre el cambio climático. Claro que si hay algo alarmante es que a una ministra de una democracia se le ocurran estas cosas.

Se apresuraron a decir que lo dijo en una charla informal y que no era una propuesta en firme. Sólo faltaba que lo fuera. Pero es significativo que se deje caer, como si nada, la idea de que hay que extender la mano del Gobierno en la información y la prensa. ¿No le bastan los medios públicos que ya controla? ¿Y las ruedas de prensa del Consejo de Ministros? Ah, no. Esas largas sesiones de publicidad del Ejecutivo resulta que no le placen, porque los periodistas no preguntan lo que deberían preguntar para que el Gobierno se luzca. Se obstina la canallesca, por lo visto, en preguntar sobre los temas de actualidad del día, como ocurre, por cierto, en cualquier parte donde hay libertad para hacer preguntas. Si la ministra portavoz no consigue aprovechar esas ruedas para que llegue el mensaje que el Gobierno quiere, no es problema de la prensa: es su problema. Puede cambiar o pueden cambiarla por alguien más capaz de martillar el argumentario del día.

Rodríguez lanzó la propuesta durante un coloquio sobre la posverdad. Pero decir que la posverdad son los otros, como se infiere de su idea, es el signo de la posverdad misma. Aunque su descontento nada tiene que ver con la posverdad ni su contraria. Lo que querría la portavoz es una versión audiovisual del Boletín Oficial del Estado, un NO-DO de los primeros tiempos o un aló, Gobierno, pestiños que nadie vería, ni por aburrimiento. Como si no se hablara ya en exceso de lo que hace o deja de hacer el Ejecutivo. Ha estado la ministra como para que se le recuerde aquella coletilla final con la que acababan sus números Tip y Coll allá por los setenta, cuando aún había censura: "Como lo único de lo que se nos permite hablar es del Gobierno, ¡la próxima semana hablaremos del Gobierno!". Nosotros tampoco.

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