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José García Domínguez

La Internacional Socialista

Solo existe una manera viable de proteger de verdad a los trabajadores, a saber: reivindicar la figura de la nación como marco básico de referencia.

Solo existe una manera viable de proteger de verdad a los trabajadores, a saber: reivindicar la figura de la nación como marco básico de referencia.
Pedro Sánchez en la Internacional Socialista | EFE

Pedro Sánchez Castejón, hombre que no da la sensación de ser precisamente un gran lector de Karl Kautsky ni tampoco de Rosa Luxemburgo, acaba de verse nombrado, y por aclamación, presidente de la Internacional Socialista (de la segunda, por más señas). Quizá por su condición de descendiente directa de la Ilustración, esa creación francesa que se propuso enmascaran con un tinte laico y laicista el viejo universalismo cristiano, quizá por diferenciarse de la derecha y de su devoción por el nacionalismo, la izquierda siempre ha sido internacionalista. Y eso ha ocurrido igual con todas las izquierdas, tanto con la revolucionaria como con la reformista.

De ahí, por cierto, que el Estado-nación a cuyo nacimiento dio lugar el éxito de la toma del poder por los comunistas en Rusia, la U.R.S.S., no llevase incluido entre sus siglas el nombre de ningún país concreto. La revolución tenía que ser mundial, por eso su ausencia tan deliberada. El internacionalismo, y desde siempre, remite a algo consustancial, pues, a la naturaleza profunda de la izquierda. Ahí fuera, porque el concepto de estado-nación sigue estando, en el fondo, asociado para socialistas y socialdemócratas a la burguesía (sea lo que sea la burguesía a estas alturas del siglo XXI). Y aquí dentro, además, porque tenemos la historia nacional que tenemos, una historia que ha llevado a la identificación generalizada de los símbolos de la nación española con la derecha política de forma exclusiva. Una desgracia que ya no parece tener remedio.

Así las cosas de la ideología, la izquierda sigue presumiendo hoy de internacionalista. Pero el problema consiste en que en este muy preciso momento solo existe una única manera eficaz para defender los derechos de los trabajadores, que es para lo que se supone que debería servir la izquierda. Porque, aquí y ahora, hay muchas maneras, muchísimas, de defender los derechos civiles de, por ejemplo, las minorías sexuales. Pero, en cambio, solo existe una viable para proteger de verdad a los trabajadores, a saber: reivindicar la figura de la nación como marco básico de referencia. La izquierda del siglo XXI será nacionalista o no será.

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