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José García Domínguez

El vídeo de Melilla

No parece honesto ignorar deliberadamente que la condición jurídica de refugiado se obtiene tras haber solicitado por los cauces legales ese estatus.

No parece honesto ignorar deliberadamente que la condición jurídica de refugiado se obtiene tras haber solicitado por los cauces legales ese estatus.
Policías de Marruecos retienen amontonados a inmigrantes subsaharianos tras un intento de asalto a la valla fronteriza de Melilla (26/06/22) | Europa Press

El diario El País acaba de poner en circulación un video a propósito del asalto violento y multitudinario que se produjo en la frontera sur de la Unión Europea que linda con la ciudad autónoma de Melilla. Y más allá de que en esa producción audiovisual no se ofrezca evidencia probatoria alguna de que las fuerzas de seguridad españolas se hubiesen extralimitado en el cumplimiento de su obligación primera, la de defender el territorio nacional frente al intento de violar su soberanía por parte de una muchedumbre agresiva integrada por extranjeros, lo que más llama la atención es el uso tan alegre que en él se hace del término "refugiado".

Hasta siete veces he contado la utilización de ese vocablo en plural para referirse a los asaltantes. Aunque resulta muy probable que tal voz aparezca en más ocasiones, ya que desistí de seguir llevando esa contabilidad recurrente cuando el montaje de imágenes no había llegado todavía ni a la mitad de su duración. Del periodismo serio, y se supone que el diario El País es un medio serio, no se tienen que esperar grandes alardes puritanos de objetividad, pues todos los periódicos del mundo han sido creados para ofrecer lo contrario, un enfoque subjetivo de la realidad, el que más concuerde a grandes rasgos con el sesgo ideológico dominante entre sus lectores.

A ningún medio de comunicación, en consecuencia, hay que reclamarle la objetividad neutra y aséptica propia de un tribunal de justicia, algo que supondría la negación misma del periodismo. Lo que sí cabe exigir de ellos, en cambio, es honestidad intelectual, concepto que remite a algo diferente. Y no se antoja demasiado honesto desde el punto de vista intelectual, sino todo lo contrario, insistir hasta el aburrimiento en calificar de "refugiados" a una multiplicidad de individuos de los que no se dispone hasta la fecha de ninguna constancia acreditada a propósito tanto de su procedencia geográfica como de las circunstancias particulares que les impulsaron a abandonar esos lugares de origen. Y segundo, tampoco parece demasiado honesto ignorar de modo deliberado que la condición jurídica de refugiado únicamente se obtiene tras haber solicitado por los cauces legales ese estatus y la posterior concesión del mismo por parte del Estado español. Circunstancias que, obviamente, no se dieron en el caso de los asaltantes. El respeto a la legalidad, sí, ese pequeño detalle precisó para andar cruzando fronteras por el mundo.

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