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José García Domínguez

Feijóo va a por Abascal

Si no desea acabar como Albert Rivera, Abascal le tendrá que apoyar, sí o sí, cuando llegue el instante de la verdad en el Congreso.

Si no desea acabar como Albert Rivera, Abascal le tendrá que apoyar, sí o sí, cuando llegue el instante de la verdad en el Congreso.
El líder de Vox, Santiago Abascal. | EFE

Santiago Abascal es hombre joven, vitalista y al que le quedan muchos lustros por delante en la primera línea de la política española. En cambio, Feijóo, a sus inminentes 62 años, edad ya provecta en un país cada día más enfermo de inmadurez adanista que rinde un culto reverencial, casi religioso, al físico atlético y al posado deportivo y treintañero (como máximo, treintañero), se presenta en esta batalla armado con una pistola que carga una única bala. La suya resulta una partida al todo o nada. De ahí, acaso, que quien más ande arriesgando en la campaña, y contra todo pronóstico, sea él. Porque su disyuntiva personal se resume en un muy sencillo ahora o nunca.

Y esa urgencia tan perentoria de ganar tal vez explique la audacia de sus últimos movimientos. Un desparpajo táctico que nos sorprendió a todos tras salir a la ofensiva en el debate frente a Sánchez, cuando lo que se esperaba de él era que jugase al empate. Audacia que ahora ha vuelto a ratificar provocando, y otra vez contra todo pronóstico, el cuerpo a cuerpo con el líder de Vox, aunque resultaría más preciso decir contra el líder de Vox. Porque Feijóo, luego de noquear al presidente en Antena3, no ha querido perder ni un minuto antes de lanzarse a la yugular de Abascal. Una jugada no exenta de algún peligro teórico, toda vez que la mayoría absoluta queda por entero fuera de su alcance y, en consecuencia, sin los escaños de Abascal sabe que nunca conseguirá La Moncloa.

Pero lo que también sabe es que el otro carece de alternativa; a menos que consideremos el suicidio ritual una alternativa, claro. Si no desea acabar como Albert Rivera, Abascal le tendrá que apoyar, sí o sí, cuando llegue el instante de la verdad en el Congreso. Considerado de ese modo, el movimiento no deja de antojarse brillante: quitar votos a Vox con argumentos que también sirven para atraer a disidentes potenciales del PSOE. Dos por el precio de uno. Y los de la pomada, pensando que era un provinciano de Orense.

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