
La última vez que participé en un conflicto político callejero, uno que anduvo cerca de terminar en guerra civil, y estoy hablando de los hechos que ocurrieron en Cataluña durante el año 2017, no recuerdo haber visto a ningún inmigrante magrebí defendiendo la causa de España a nuestro lado. Los que salimos a confrontar con los separatistas éramos, casi sin excepción, los de casa. Yo no necesito una vivienda pública, pero sí necesito sentir que las personas a las que ayudo con mis impuestos estarían dispuestas a asumir un riesgo, incluso físico, para defender el país en el que habitan si fuera atacado. Porque una nación es eso.
No hay nada que irrite más a la beatería biempensante que la mención de la palabra 'prioridad' seguida del adjetivo 'nacional'. Automáticamente, los aspersores de agua bendita del cosmopolitismo multiculti se activan para tildar de xenófobo a quien ose recordar una obviedad: que el Estado del bienestar es un club financiado de modo abrumadoramente mayoritario por sus socios fundadores, los contribuyentes que poseen la nacionalidad cuyo recuerdo tanto sulfura a los posmodernos transversales de diestra y siniestra.
El caso de la muy roja Viena resulta hoy paradigmático. Para que un inmigrante marroquí acceda a disfrutar de una de sus famosas viviendas de titularidad municipal, se le exigen años de residencia; por más señas, tiene que llevar al menos un lustro habitando allí de forma legal. Repito, de forma legal. En la Viena roja, el derecho no emana de la mera presencia física en un lugar sino de que exista un vínculo real con el territorio. ¿Por qué Badajoz no puede ser como Viena? La necesidad de los recién llegados no puede transformarse en un salvoconducto para postergar a quien lleva toda su existencia sosteniendo el país, tanto en las buenas como en las malas. Ignorar la prioridad nacional rompe el vínculo de lealtad entre gobernantes y gobernados. Cuando el ya asentado percibe que su compromiso con la comunidad no le garantiza una red de seguridad prioritaria frente al transeúnte ocasional, el sistema se deslegitima. ¿Los españoles primero? Sí, los españoles primero.
