
Hoy me va a permitir el lector que escriba sobre algo que tiene que ver con la realidad. Ya sé que eso no se estila, pero es que la Comisión Europea acaba de recomendar en las últimas horas a España que normalice el IVA del sector de la hostelería a fin de que su tarifa deje de verse casi equiparada a la propia de los bienes de máxima necesidad, como los medicamentos o los alimentos básicos. Naturalmente, ni el Gobierno ni el Partido Popular prestarán ninguna atención al requerimiento de Bruselas. El peligro de que, ahora o en el futuro mediato, se adopte tal medida es igual a cero. Y sin embargo, elevar el IVA de la hostelería constituye una urgencia histórica para la propia viabilidad económica de nuestro país. Así de crudo.
Hemos convertido España en el gran parque temático vacacional del resto de Europa a costa de que todos los sectores productivos subvencionen de modo encubierto a los hosteleros vía, entre otras cosas, ese IVA reducido del 10%. Así, al mantener artificialmente baratos sus servicios, la fiscalidad estatal contribuye a atraer un viajero de bajo presupuesto que no sólo paga poco por las prestaciones locales que contrata, sino que satura costosos recursos públicos por los que nada desembolsa, como el agua, la limpieza o la seguridad.
Pero el precio fiscalmente subsidiado de la hostelería genera muchos más quebrantos para el resto de la población. La mano de obra extracomunitaria y no cualificada que reclama de modo masivo ese sector de salarios crónicamente bajos igual supone otro coste indirecto para los autóctonos a través de los servicios del Estado que sus empleados consumen sin contribuir a financiarlos de modo real. Un camarero extranjero que cobre el SMI paga cero euros al año a Hacienda en concepto de IRPF. Sí, cero euros, nada. Y, ahora mismo, la mitad de los trabajadores por cuenta ajena residentes en España cobra el SMI. Uno de cada dos. Porque los camareros extranjeros sólo ayudarán algo a pagar las pensiones cuando dejen de cobrar miseria. Y eso pasa por reconvertir ya el sector. Pero ni caso.