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Pablo Planas

Preparando el regreso de Puigdemont

El encuentro entre Díaz y Puigdemont certifica la rendición y la ruina política y moral del Gobierno, del PSOE y de los partidos de Sumar.

El encuentro entre Díaz y Puigdemont certifica la rendición y la ruina política y moral del Gobierno, del PSOE y de los partidos de Sumar.
Yolanda Díaz y Carles Puigdemont en su encuentro en Bruselas. | EFE

Que Carles Puigdemont va a regresar a España en breve y que se podrá presentar a las próximas elecciones autonómicas se da por descontado. La amnistía, a la que el sanchismo y sus voceros prefieren llamar "desjudicialización" para suavizar las aristas de semejante aberración jurídica y política, es prácticamente un hecho consumado que el PSOE está dispuesto a sacar adelante con su mayoría en el Congreso y el inestimable concurso en última instancia de su presidente del Tribunal Constitucional, el siniestro Conde-Pumpido.

La fotografía en Bruselas de Yolanda Díaz sonriente junto al golpista prófugo es una más de esas estampas tétricas y trágicas que nos depararán las negociaciones entre Sánchez y Puigdemont, porque quien viajó ayer a Bruselas no fue la líder de Sumar, sino la vicepresidenta segunda de Sánchez, comisionada por el antedicho a los efectos de desacreditar al Poder Judicial y poner al Gobierno de España de rodillas ante el expresidente de la Generalidad golpista para retener el poder y perpetuarse en la Moncloa.

Hace casi seis años, los separatista catalanes perpetraron un golpe de Estado en toda regla y que en muchos países de nuestro entorno, como Alemania, les habría costado la cadena perpetua. Los que no se dieron a la fuga, como Puigdemont, recibieron tibias condenas y un rápido indulto tras un breve paso por las prisiones catalanes que controlan los propios golpistas debido a que la de prisiones es una de tantas competencias traspasadas. En esa materia, se acaba mucho antes enumerando las que aún están pendientes de cesión.

Puigdemont representa todo lo contrario a la democracia y a la libertad. Pisoteó los derechos de millones de ciudadanos de Cataluña y del resto de España, impulsó unas delirantes leyes de desconexión, tensó la cuerda hasta el límite, colocó la región al borde de la ruptura, alimentó el enfrentamiento social, causó un éxodo masivo de capitales y empresas y machacó a la oposición. Claro que no lo hizo solo. Para ello contó con la complicidad bovina de no pocos empresarios, medios de comunicación y prebostes corruptos de su propio partido, como los Pujol, así como de ERC y la CUP. Son muchos más los que no sufrieron consecuencia judicial alguna que los llamados "represaliados", término que suplanta al de "delincuentes" en la Cataluña oficial.

De modo que el encuentro entre Díaz y Puigdemont certifica la rendición y la ruina política y moral del Gobierno, del PSOE y de los partidos de Sumar. Es también una bofetada en pleno rostro a quienes se opusieron al golpe, del Rey a los agentes despectivamente llamados "piolines", jueces, fiscales y ciudadanos que resisten al nacionalismo en la región.

Es de suponer que Alberto Núñez Feijóo habrá tomado nota y será consecuente con su propio mensaje en la red social X, donde ha declarado que el Gobierno se ha reunido con un prófugo, que han negociado de amnistía y autodeterminación y que los intereses de Sánchez no pueden condicionar la política española. Dicho lo cual se espera que el PP no afrente como la izquierda a los españoles que cumplen con la ley y con la Constitución. Lo contrario sería otro clavo en el ataúd de la democracia en España.

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